domingo, 12 de septiembre de 2010

Matemos a los médicos rock stars


Estar enfermo es una cagada no tanto por los dolores, padecimientos y precios de los medicamentos sino porque, lamentablemente, en algún momento de la convalecencia (y después de haberte automedicado con todas las sugerencias de tus allegados, más la intervención más que dudosa de uno de los tantos farmacéuticos irresponsables de turno), uno tiene que recurrir a la maligna secta médica. Si no querés arriesgar tu vida en las manos de algún médico de guardia postadolescente que te receta lo mismo siempre, no importa la dolencia que tengas, deberás caer en las garras de un “especialista”, y seguramente no podrás evitar que sea uno de los famosos médicos rock star. Con él te verás sometido a una nueva clase de tormentos, pero más sofisticados y onerosos. ¿Cómo sé que voy a atenderme con un médico rock star? Aquí, amigos, les damos algunos tips (nos encanta ser contradictorios, así que usamos una palabra que denostamos hace algunos post, ¿y qué? ¡Háganse un blog propio, arponeros fundamentalistas de la coherencia y el falso coraje anti anonimato!)

1- Un médico rock star que se precie de tal porta apellido: cuando decís que debés visitar a un especialista y lo mencionás, si es un rock star los ojos de tu oyente se desorbitan. Un médico rock star es un mito: te hablarán de él, te contarán alguna anécdota o simplemente te dirán que su apellido les “suena”. Hay toda una mística en torno al médico rock star que funcionará como excusa para que sus bolsillos se llenen de dinero. Pero hay otro dato importante: siempre que decís su apellido, aparece la pregunta diabólica: “¿padre o hijo?”. Porque el padre del médico rock star fue o sigue siendo un reconocido profesional y, si es posible, en la misma especialidad. Esto no suele ser un fantasma sino todo lo contrario: se menciona con orgullo, como razón de satisfacción personal “ser el hijo de”, en lugar de ver como un hecho poco heroico, el heredar la fama y los pacientes de papá. Lo peor es si el especialista en cuestión no ha sido una eminencia, sino un porteño que prolongó mucho sus vacaciones y decidió quedarse cuando se dio cuenta de que en la ciudad no había competencia y podía hacer una buena carrera si atendía a las viejas adecuadas, aunque no se perfeccionara ni leyera nunca más en su vida. Sépanlo, amigos: familia de médicos no es, necesariamente, garantía de calidad y servicio.

2-Estos famosos médicos no superan los 50 años pero ya juegan al golf (en Acantilados, obvio), van de vacaciones a lugares exóticos, viajan a congresos a “especializarse” y a enfiestarse, y no pueden disimular que han estudiado tantos años sólo con el propósito de recibir regalos de todo tipo que después le encajan a sus familiares para navidad. El juramento hipocrático fue, ahora que son ricos y famosos, un mal chiste que les contaron hace mucho durante alguna fiesta platense. Se hacen los melómanos y los cultos, pero la famosa “letra de médico” no hace más que afirmar que no saben leer ni escribir. Y, obviamente, pese al escalafón que los distingue de otros médicos, y a que su mujer esté operada y divina, caen en la volteada, es decir, se voltean a todas las pacientes, enfermeras, secretarias y residentes, como cualquier medicucho.

3-Conseguir que te atiendan telefónicamente en el consultorio de un médico rock star es más difícil que lograr ganar un plasma en algún sorteo televisivo. Deberemos instalarnos cómodamente en el sillón dispuestos a marcar “rellamar” unas cincuenta veces. Nos darán un turno para el 8 de diciembre, y cuando creamos que la secretaria está fumada y que debe referirse al 8 de septiembre seremos cruelmente desengañados. Efectivamente, y como todos habrán podido comprobar, el médico rock star te da turno de acá a tres meses, y eso si tenés suerte. Existen numerosas razones que explican la forma en que estos sujetos manejan tu tiempo como Nolan en alguna de sus películas “conceptuales”, pero la más relevante es que cuanto más reconocido es un médico rock star, menos días atiende (y más viaja, pero esto va más adelante); sus horarios son tan restringidos como la cantidad de entrevistas que los Kirchner les dan los medios.

4- Resignados, agendaremos el turno agradeciendo que sea en el corriente año (si no, deberemos, incluso, salir a comprar agendas del 2011) y esperando no morir antes. Esto, sin embargo, no sería tan problemático si llegado el día fuéramos atendidos puntualmente. Pero un médico rock star que se precie de tal, debe tener a sus pacientes, que son muy pacientes, esperando por encima de las dos horas. Y esto no es porque le dedique mucho tiempo a cada uno sino porque siempre llegan tarde (“estaba operando”, “tuvo una urgencia”, “fue a visitar a un paciente terminal”… todo menos la verdad: se comió un asado acompañado de un vino tinto que, obviamente, le regaló una víctima y le inspiró un siestón; se curtió a una enfermera nueva en la clínica o viene de jugar al tenis) y desfasan todos los putos turnos que, encima, se verán amenazados por culpa de una nueva mafia, más temible que la estrategias de Moreno: los sobreturnos…


5- Un médico rock star atiende cada vez menos en un hospital o una clínica de aspecto Chascomús años 50. Estos doctores luchan a delantal y escalpelo por conseguir su propio consultorio. Esto, claramente, es una señal de status, especialmente si éste se ubica en alguna casa de estilo refaccionada en la zona sur de la ciudad, o en algún edificio de puta madre con luces dicroicas. Quedan excluidos de estos coquetos consultorios todos los trabajadores de sindicato, ancianitos del PAMI y demás perdedores del sistema. Aquí sólo se aceptan credenciales plateaditas, que se obtienen pagando más $200 para que te cuide la salud una empresita privada.
La sala de espera de estos lugares no escapa, sin embargo, de las revistas recontra pedorras que te ponen en una mesita, los cuadros de terror de alguna paciente resucitada o, peor, de la mujer de algún colega, la música melosa de efecto narcotizante, los carteles impresos en computadora semi pegados en paredes o vidrios informando horarios y días de atención (siempre desactualizados) y mensajes mandones diciéndote cuándo y cómo deberás solicitar recetas, turnos, formularios, etc. Igualmente, los muebles serán muy cómodos (de Sector Privado o alguna casa fashion), siempre y cuando, el estilo minimalista con que decoran todo permita que te sientes en algún lugar.

6- Y llegó el día, y la hora que a ellos se les cantó y, por fin, te encontraste con tu médico rock star. Estabas tan emocionado que, con lágrimas en los ojos, te tiraste a sus pies y tartamudeando… ¡le pediste un autógrafo! El médico rock star, con bronceado caribeño, vestido cancherito debajo de su guardapolvo (Bowen o Lacoste, depende el estilo o… el regalo), te mirará con altivez y condescendencia y te ayudará a levantarte del piso. Sus hijos rubios (el de la derecha será el médico de tus hijos) te sonreirán desde los portarretratos en el enorme escritorio (“Otro gil que contribuirá a que papá nos compre la Wii” parecen sugerir sus rostros bellos y diabólicos.) y numerosos certificados de congresos en los que la pasó bomba decorarán las paredes.
El médico rock star te despachará en tres minutos, pero aunque parezca que no ha sido capaz de ver nada te recetará cinco medicamentos (casualmente todos del mismo laboratorio, el mismo que le pagó el viaje a Europa el año pasado) y te indicará múltiples estudios para confirmar si deberá o no realizar una operación quirúrgica que suena compleja y riesgosa, y a la que no sabrás por qué tendrías que someterte. Pero estás tan contento de haberlo conocido personalmente por fin que nada te angustia, sólo querrás ver su sonrisa inmaculada y apretarle la mano otra vez, en la siguiente consulta, cinco meses y tres horas (en la sala de espera) después.

Amigos arponeros, sépanlo: no importa si es proctólogo o no, un médico rock star siempre te mete el dedo en el culo.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Matemos a la noche marplatense (esa eterna promesa incumplida)



A veces nos preguntamos por qué duran un lustro los noviazgos entre gente que se lleva como el culo o las relaciones de amantes donde la mina se cansa de pretender otro status que, sabe, no va a tener. También puede causarnos curiosidad por qué un matrimonio vuelve al ruedo después de una separación que, creíamos, era lo más saludable. Sin embargo, las cosas son más fáciles de lo que uno piensa y existe una respuesta que nos sacará de la ignorancia en la que nos encontramos: lanzados al mercado sexual, después de ensartarnos con Facebook y agotar la veta del lugar de trabajo o donde estudiamos, caemos nuevamente en la monotonía del bar y el boliche “marpla”; y ahí es seguro que corrés a lo malo conocido y a la triste escena de la decadencia: película yanki en DVD (preferentemente una de Woody Allen que no sólo te hace pasar por snob sino que te convence de que la familia perfecta existe: es aquella en donde conviven los maridos, los ex, las amantes y los hijos de todas las uniones, en perfecta armonía), algo de alcohol y un pedazo de chocolate para calmar la angustia, junto a tu compañera, en la cama.

Pero queridos, participativos y resentidos lectores, estamos aquí para explicarles el proceso de la devastadora e irreversible realidad que nos toca en esta ciudad, a ver si con esto podemos hacer que las parejas asuman lo que les toca, aunque lo que espere afuera aceche con el panorama más desalentador que hayamos conocido. Veamos.

Otra vez es viernes a la noche y estamos tomando cerveza en el departamento de nuestro común amigo J. El alcohol se acaba y no tenés ganas de engrosar las arcas del delincuente de Corrientes y Roca, de manera que hacés callar a tu amigo bolche, que proclama una revolución inminente, le quitás la guitarra al trovador del grupo (podría aprenderse enteras las canciones de Silvio, el hijo de mil puta, y no someterte a su eterno ensayo) y te disponés a salir a la aciaga noche marplatense.

Mientras te ponés la campera fingís optimismo, pero vas mandando mensajito a la chica no muy agraciada pero gauchita, que como buena Magdalena, llegado el momento, lamerá las heridas de los patovicas y limpiará los restos de tragos espantosos que te habrán vomitado en el pantalón.

A poco de salir comienzan las discrepancias en la hueste sobre si es mejor dirigirse a Alem, Yrigoyen, Constitución o probar con algún lugar alternativo. Sopesamos desventajas y… desventajas.

En Yrigoyen no hay muchas opciones. Podés caer en Mestizo, el típico bar de cerveza mala en vaso de plástico. Emborracharse resulta barato pero la oferta sexual está en consonancia. Adolescentes con los pantalones bien metidos en el orto, pero con unas caras y gestos que sería más apropiado ver a través de la pantalla en un documental sobre el rito de alguna tribu perdida en la selva que invoca la lluvia gritando: “Menea, menea, menea”. También existe la posibilidad de dirigirse a Hipólito y vegetar en una mesa bebiendo. Lo bueno es que con el calor que hace uno transpira prácticamente todo lo que toma generando un efecto químico extraño que hace que se pueda ingerir alcohol hasta el coma. Otra opción es ir a Scotia, que estará hasta la pija, y donde podrá ningunearte a mansalva un patovica pelotudo cuyos criterios de discriminación son oscuros y azarosos (puede ser que no te deje entrar por pobre o feo, y en tal caso acertar, o porque no le gusta tu gorro que le suena hippie, tu bufanda que le parece de puto, o que interprete tu olvidarte de comprar crema enjuague como un ensayo de grelos). También está Chiquilín, donde no se puede bailar (o fingir hacerlo para chamuyar a una mina) y es caro y aburrido… pero donde están las camareras más perras de la galaxia que te prometen mucho escote, tetas (sobre si las tiene hechas o no habrá en la mesa un debate de treinta minutos), culo y no darte jamás el teléfono (¿en serio pensás que saldría con vos habiendo tanto viejo en auto importado disponible?). Última opción: ir a Wallace, lugar en el que uno podrá fingir que retrocedió una década y experimentar algo así como un pequeño baile, hablar con una chica que no sea espantosa y beber algún trago haciéndose el banana en la barra. Claro que todo esto podrá ocurrir hasta las tres de la mañana, después estaremos todos tan hacinados como sardinas que la única manera de que se haga lugar es a medida que vayan sacando a los desmayados. Y encima, si vas temprano antes del malón te tenés que fumar la eterna banda cover: Sushi, Yacuzzi, Kimono… todas tan igualmente histriónicas y monótonas (con cantantes que se la pasan ensayando frente al espejo los tips rockers) que te dan ganas de hacerte el harakiri.

En Alem la onda es otra. Las chicas más lindas y producidas, aunque con unas dosis de histeria que alarmarían al propio Freud. Siempre podés apostarte en la puerta de Samsara y lograr entrar sin hacer cola porque convencés a uno de los dueños de que vos sos propietario de una veinteava parte que te vendió el primo de un petiso con nombre francés; total, esa gente tiene tantas partes de boliches que con un par de tragos encima podés entusiasmarlo con el más inverosímil de los negocios, por ejemplo, que vas a lograr una toma eterna en la facultad y darle a él un par de barras y la exclusividad en la venta de forros.

También podés hacerte unos mangos pasando por Pehuén, donde si sos tan precavido como para irte con cámara de fotos, podés extorsionar a todos los casados de trampa con mostrarle a la esposa la foto donde su marido, con la peor cara de imbécil y en zapatillas (¿hay una edad límite para zapatillas?), le toca el culo a una chica. También se puede ir a Tressor y fingir que te gusta la música electrónica durante quince minutos para evadirte del reaggeton que fundamenta nuestra certidumbre de que el mundo es un lugar horroroso. Si vas a Barnon, Mr. Jones o Gásparo, decís: “ahora sí estoy mamado”, porque entrás y salís de esos lugares, pero parece que estás en el mismo eterno bar con grupos de chicas y chicos sacándose fotos con el celular y donde nunca podés distinguir bien los vínculos, por lo que siempre corrés el riesgo de ir a hablarle a una mina muy maquillada mascando chicle que te mira insistente como diciendo “¿qué esperás para encararme gil?”, y el enano granujiento a su lado vestido como jugador de béisbol quiera cagarte a piñas porque le querés birlar la minita.

Si lo que buscás son gatos debés dirigirte ligerísimo a Domo, donde se concentra el felinaje añoso, además de toda la gente divorciada de la ciudad. Aquí podríamos hacer una lista de bares gatunos, pero se los dejamos a ustedes, hábiles arponeros de los comentarios.

La otra opción es hacerse el alternativo y caerte en alguna fiesta de una facultad, o en el América Libre o un sitio roñoso por el estilo. Las opciones de hoy son una fiesta en el Club Español de la gente de Ciencias de la Salud en la que alguna buena samaritana te deprimirá contándote cómo ayuda a pobres o tullidos. Otra opción es alguna fiesta cool de la Malharro o en algún galpón feo de los freaks de Exactas: todos con zapatillas espantosas (¿dónde las compran?), mochilas negras y una sonrisita entre demente y bobalicona que sugiere que acaban de despejar una ecuación muy complicada. Alguno se acuerda de una fiesta que incluye perfomance de artistas plásticos-poetas-putos en bar del centro donde alguien recitará poesía a la vez que otro pintará con un aerosol y una estudiante de teatro te puteará a dos milímetros de tu nariz, y vos tendrás vedada la actitud más razonable del mundo que es cagarla a piñas. Es decir, en esta noche alternativa se concentran todos aquellos que son muy progres, pobres o raros (que es casi lo mismo) como para dirigirse a los antes mencionados bares y pagar $24 por una cerveza.

Y si, finalmente, te hartaste de entrar y salir de bares te queda la opción de beber lo suficiente como para animarte a los boliches. Podés ir a Pin Up y perderte en el mundo de la sexualidad diferente donde te va a encarar una mina que está buenísima y vos vas a dudarla pensando si será tranformista, transexual, lesbiana en crisis o te va a cobrar… Y para cuando reaccionás y te dás cuenta de que simplemente es tu día de suerte y es una psicótica a la que le gustan los estudiantes pobres y feos… ya se encontró a otro estudiante pobre y feo. Igual, compadecemos a la gente con sexualidad diferente que ve su lugar copado por todo el caretaje de Alem que va a allí con ánimo antropológico, o simplemente porque cerró su bar preferido a las cinco de la mañana.

También podés gastar un dineral en taxi e ir a Esperanto, sólo para darte cuenta de que no querés acostarte con una chica que trabaja de sol a sol en una panadería y que se produce un sábado a la noche para ir a bailar buscando un príncipe azul que la rescate trabajando de sol a sol en una panadería. O gastar aún más en taxi y entrada para llegar a Sobremonte, la joda en el fin del mundo, y convencerte de que no sos lo suficientemente fachero, canchero, pudiente, reventado o drogadicto como para tal lugar.

Amanece. No te ha quedado ni un centavo. En tu cerebro lleno de lúpulo resuenan las melodías pedorras que escuchaste toda la noche, así como espantosas imágenes de contoneos de caderas, gente transpirada, patovicas descerebrados con fotos de su amor imposible Ricardo Fort en la billetera y borrachos molestos que en un acceso de lucidez piden a los gritos estar en su cama.

Volvés caminando derrotado a la casita de tu amante, preguntándote por qué persistís en este ridículo salir y tomar. Serás reflexivo hasta el viernes a la tarde cuando recibirás un mensajito de J. invitándote a la previa de cerveza en su departamento junto al bolche y al trovador. Y allí estarás. Uno puede volverse adicto a cualquier cosa.

Nota: la noche marplatense es igual de deprimente para las chichis...

viernes, 9 de julio de 2010

Matemos a los que hablan/escriben para el orto


Advertencia: este texto presenta zonas ilegibles pero no es nuestra culpa.

Sabemos que este post va a refrendar la suposición de que somos de letras, que somos ñoños y que cogemos poco. Nos ponen en la triste situación de tener que decir que el idioma supone una serie de signos compartidos, y si bien el habla se va modificando con el uso, algunas de esas aplicaciones son verdaderamente desagradables. Y sólo tienen como fin mostrar que se pertenece aun ghetto particular (intelectual, cool, cheto, cumbianchero, rollinga, surfer, etc.) y por lo tanto snobear, excluir al oyente o simplemente desorientarlo para que no se dé cuenta de lo forro que es el que habla. La verdad es que sólo logran quedar como unos infradotados y nosotros, cual jueces viejos y cansados de la Corte Suprema (que más que sentarse en esos tronos quieren salir a fumarse un porro) les venimos a decir lo que está bien y lo que está mal.

La moda es, ahora, defender las múltiples posibilidades del lenguaje y su expresión oral y escrita: viva la diversidad (y el matrimonio gay, obvio) Pero dejémonos de joder, eso también es una postura, nadie se banca que le hablen de alguna de las maneras que detallamos a continuación. Matemos a:


1. Los que hablan cortito, especialmente si las palabras utilizadas son peli (muy a lo Fito Paéz, que está bien que use el diminutivo para referirse a sus propias películas, que no responden a otra categoría), facu (en especial si es usada por alguien que no tiene vinculación alguna con la universidad y más si van a un terciario o a un instituto cualquiera), finde, figus, revis, cole (por "colectivo" o "colectividad" -por "colegio" no pasa nada si tenés menos de 10 años), reci, zapas o, peor, zapis (encima suman el diminutivo), gordi, promo (especialmente desagradable si lo usa una promotora de banco) y tantas más.


2. Los que usan constantemente onomatopeyas, especialmente las de risas: ja ja, je je, ji ji, jo jo y ju ju. Peor otras formas que se pretenden más originales como xo-xo. Y la risa de maldad no puede quedar afuera: mu je je (¡ay, qué malo sos!)

Encima, hay que ser pelotudo para, justo cuando podés disimular las horrendas faltas de ortografía que debés tener, las cometés con una onomatopeya del orto como ¡ha! (por ¡ah!), hahá o ahá (por ajá) y volvemos a la risa: he he he (por la boluda je je je). A ver, el uso de onomatopeyas no te hará pasar por más sociable de lo que sos ni le conferirá gracia automáticamente a lo que decís. Para finalizar: teniendo tantas palabras para elegir y la posibilidad de que tu cerebro no se fosilice, ¿es necesario felicitar a alguien con una forrada como “clap, clap, clap”?


3. Los que usan términos propios del mundo tecnológico: un lenguaje incomprensible vinculado a la informática, Internet, los celulares, etc. Pondríamos ejemplos, pero no sabemos nada del tema y obviamente a los que nos hablaron así no les entendimos un carajo ni nos importó lo que decían. (Igualmente, los remitimos al post “Matemos a los sabelotodo”)


4. Los que intercalan frases o abreviaturas en otros idiomas con el objetivo de snobear: “you know”, “come on”, “business”, “managment”, “hello”, “bye, bye”, ASAP ("As soon as posible"), “kisses”, “fuck” o “fucking”, “baby”, “performance” (que también cae en la volteada con “perfo”). Y peor si, concientes de esta pelotudez, se hacen los irónicos y escriben: “biei”, "cofi" (sí, así, bien argentino) "plis" o… "jelou" (¡!)


5. A los que, cuando se ponen agresivos (flaco: estás frente a una pantalla, ¡así cualquiera es el increíble Hulk!) escriben todo con mayúsculas, como si te gritaran (para vos, querido lector, que lo pediste. Ahora no digan que no les damos bola.)


6. Y matemos, por supuesto, con un arponazo certero en la encía, a los que usan diminutivos para todo: ropita, casita o casuchi, plaquetita (para referirse a algo que está de más señalar que es inferior y minúsculo), sanguchito, librito, ensaladita, remerita, platita, cosita, bichito (cuando indica “sos el amor de mi vida y vamos a estar juntos para siempre porque te re amo y ambos renunciamos a tener amigos y salidas solitarias, y porque nunca te voy a ser infiel y vos no me vas a cagar nunca con ninguna pendeja”, no cuando indica: pequeño insecto que alimenta a otro ser de la cadena)


Desde esta página les mandamos un abracito y muchos besis a todos nuestros lectores progres que desde sus compus nos siguen y se re copan en los comments (AUNQUE NO TODOS LE PONEN ONDA), gracias por la way y la energy, son un público… ¡wooooow!

PD1: excluimos a los perejiles que escriben mensajes de texto llenos de cosas que no son palabras. No clasificaron para este análisis porque asumimos que lo hacen por una incapacidad intelectual o económica y nosotros no nos metemos con los carenciados.

PD2: los amantes deberían ser sordomudos para que no tengamos que escuchar las pelotudeces que esos cerebros atrofiados y narcotizados por el “amor” son capaces de inventar.

PD 3: ¡Ricardo querénos!

PD 4: ¡Marangoni: la tenés adentro!

PD 5: Patri, ¡vos querrías!

PD6: ¡Viva la revolución!


lunes, 14 de junio de 2010

Matemos a “La boda”


Mar del Plata es tan triste que ya ni te podés casar o morir con dignidad. Lo medio pelo y lo kitsh dan la nota y todo por culpa de Sacha, que no es un perro, amigos, sino un señor que la vio antes que todos.
No se entiende cómo, si es sabido que el promedio de los matrimonios no llega a durar un lustro, todavía puede construirse tal circo alrededor del hecho de casarse. Y menos se comprende cómo las minas logran convencer a los tipos para hacer algo que nadie en su sano juicio querría hacer. Y conste que esto pasa hace rato, no ahora que estamos pelotudos de escuchar las vuvuzelas y a Fernando Niembro.
Para empezar, cuando se toma esta decisión, a una mujer lo que menos le importa es con quién se casa sino quién será el diseñador del vestido, la florista, la maquilladora, dónde se hará la fiesta, quién preparará el catering, quién sacará las fotos, cómo serán la mesa de postres, los souvenirs y las tarjetas, quiénes serán los invitados y cómo los van a sentar… y un millón de cosas inútiles y carísimas que rodean el negocio del casamiento.
Con la hipocresía más absoluta, hay que prometerle amor eterno a un cura, invitar gente que te importa un carajo, aceptar regalos que se supone son útiles y hacer de cuenta que tu novia con vestido blanco es virgen y que todo esto es un hecho trascendente en tu vida.
Tu opinión en los preparativos relacionados con el casamiento es prescindible y molesta, en medio de ese mundo terriblemente afeminado, artificial, plagado de mal gusto y rosita. La verdad, muchachos, es que las minas se casan solas.
Pero nada de esto sería tan fatal sino hubiera toda una industria que con carteles super luminosos de neón atrapara a las minas como moscas ofreciéndoles todo lo necesario para cumplir el sueño de su “boda” (¿qué es? ¿una serie yankee a lo Dinastía?); y nos develara con terrible lucidez un largo año de padecimientos. Porque no tiene nada de malo que la gente se quiera (qué tiernos) pero lo choto es que te pongan un traje ridículo (frac?, moñito? Florcitas?), un poco de reggeton, esperen hasta que estés en pedo para sacarte fotos que irán facebook y que, encima, otros hagan guita con eso.
Y si quien hace plata con la industria del casamiento fuera Merceditas Álzaga Anchorena, wedding planner matriculada, bueno… pero un traidor a su género como Sacha, es intolerable. El tipo ni siquiera es puto, decorador o cultivador de orquídeas, sino un estudioso de Economía que ya calculó cómo sacarte hasta el último centavo. Si te descuidás, maneja un ejército de abogados para gestionar el inevitable divorcio, que comenzará con una querella porque vos, que cediste en todo, te resististe a pagar el plus de los masajes en la noche de bodas (ésa será la semilla de la discordia)
Todo empezó con nuestro protagonista regalando revistitas (el primero te lo regalan, el segundo te lo venden) en la cola del Registro Civil. Allí, como un buen samaritano, te explicaba todos los trámites, los servicios que precisabas y la antelación conque debías contratarlos. Claro que para sostener esta humilde publicación, aparecían algunas publicidades que empezaban a darle ideas a tu novia. Te enterabas que el chamuyo de usar las alianzas de tus abuelos no iba a funcionar e ibas a tener que adquirir unas muy modernas de la joyería promocionada por Sacha.
Y como estamos en una ciudad pujante donde sobra dinero y ganas de cagar más alto de lo que se puede (¿de dónde sale esa frase? A ver si empezamos a escribir complicado como nuestros comentaristas, ¡mierda!), nuestro paladín del enlace matrimonial ya tiene un emporio que actualmente incluye una revista con producciones fotográficas con modelos (volveremos sobre este punto), un programa de TV, páginas web y una exposición anual de varios días en hotel 5 estrellas.
Este último evento es una muestra cabal de lo que denunciamos (sí!, en “matemos a las ballenas investiga” denunciamos y en cualquier momento subimos cámaras ocultas y testimonios con gente de espaldas y voz distorsionada): basta ver a la novia histérica recorriendo emocionada pero al mismo tiempo atenta para primerear a la narigona a la que le gusta el mismo vestido y el mismo canapé de choclo envuelto en cantimpalo para la entrada; y 50 metros más atrás, al novio que intenta hacerse el superado caminando solo y triste pero mandando mensajitos a los amigos que lo acompañan en el sentimiento, y que lo convencen de que siga adelante sólo para enfiestarse con permiso en la despedida de soltero (eso sí, que no te la organice Sacha, porque es capaz de decorar todo con los Prime inflados colgando del techo y atados con moñitos plateados)
Un paneo general al salón de la “expo” (ya se vendrá el post sobre los que hablan “cortito”) ofrece un panorama desgarrador, peor que el último partido de Gallardo: vestidos grasas que usarían en la mejor fiesta de los Ingalls, tortas espantosamente coloridas, souvenirs transparentes con tubitos de ensayo y brillitos, todas las formas posibles de decoupage y tarjetitas rosa “viejo” (¿¿en serio esperás que invite al arquero de Aldosivi y al depredador de chichis con estas pedorradas de cartón y cinta “bebé”??), animadores que hacen demostraciones de canto, chistes y todas las pelotudeces que te esperan en tu fiestita, mesas atiborradas de platos, servilletitas, cubiertos, moñitos, copas varias, más moñitos y un mantel que de tan largo parece que también se quiere ir a la mierda.
Y promotoras, infaltablemente gatunas e infartantes, que con voces melosas te prometen la ruina económica, pero por lo menos en la cercanía de sus tetas.
Y entonces, ahí entendemos a Sacha, que ha montado todo esto sólo para estar cerca de las modelos, pispear los cambios de ropa en los desfiles, intervenir en las sesiones fotográficas y seleccionar y mandonear a todas las jóvenes con piernas largas y tacos que te llenan de volantitos.
Hay que reconocer que la cara alegre y bonachona de nuestro amigo es envidiable, aunque haya construido su felicidad bailoteando alocado, siguiendo la coreografía del infierno (es que somos de letras), sobre miles de cuerpos inertes y borrachos de novios con trajes alquilados.

(Spampinato, esto no va para vos, en serio, pero si querés opinar sobre… los souvenirs, ponele, y bueno…)


sábado, 12 de junio de 2010

Matemos a la Rock and Pop local


¡Último momento!: Importante emisora local solicita locutores, conductores, periodistas, programadores, operadores y director artístico para proyecto de radio novedoso, creativo e independiente. Presentarse con CV actualizado, foto cool, referencias y título universitario-terciario (Deportea abstenerse).

No, mentira… esto nunca va a pasar. Pese al marketing, las remeras, los buzos, bolsos y calcos con el infaltable logo, la radio mencionada nunca será un espacio para el trabajo profesional en serio y no promoverá ninguna idea innovadora porque sólo repite el formato de su nave madre, ya en decadencia.
Igualmente, si sos un cuarentón no asumido, usás zapatillas all star, pronunciás el inglés para el ojete, te quisiste cortar las venas cuando anunciaron el final de Lost, tenés un yeso porque quisiste hacer una actividad física inapropiada para tu estado físico actual, te querés hacer el nerd, el freak o el modernito, podés darte una vuelta por la R&P y copar unos minutos de aire para vivir de canje como Mirtha Legrand. A nadie se le niega el micrófono en este medio de comunicación ejemplar, aunque seas gangoso, disléxico o, simplemente, un pajero.

No se han dado cuenta de que hasta Pergolini ya se aburguesó (con unos cuantos millones de dólares) y abandonó la rebeldía pedorra que lo caracterizaba. Se hacen los malos, los agudos críticos de la ciudad, los superados y son el claro ejemplo del uso inapropiado de un micrófono (tal vez, otros usos que pudieran darle serían hasta más placenteros, para ellos y para los oyentes!)
Como somos buenos, en el fondo, hacemos un breve pantallazo a modo de crítica constructiva (Ricardo, es para vos):
Sachi debería visitar un otorrinolaringólogo para evitar tanto moco al hablar.
Sabio, emblema de la radio, debería evitar que su amor por la raza canina contagie sus reportajes, porque a veces llega a un nivel de obsecuencia peor que el de Majul. También podría intentar enunciar frases completas, aunque no valga la pena.
Juan Castro tendría que intentar hablar y sostener una idea, antes de que todos lo tapen. O no.
Y si hablamos de “tapar” llegamos a Marangoni. Luego de su fracaso por convencernos de que Mar del Plata es una ciudad en la que pasan cosas, con un gran acervo cultural y con gente creativa y talentosa, a través de su siempre hackeada página ciudad abstracta, desembarca en esta radio para aburrirnos con sus reseñas de libros (que sólo a él le importan, para exhibir sus “amplios” conocimientos) y para transformarse en el gran corta clima del programa. Tira datos, se las sabe todas y si no, chamuya, y manda frases categóricas a partir de las que ya nadie puede acotar mucho más. Es que no dan ganas de decir algo mejor que “hablando estereotípicamente (?)” (Marangoni dixit).
Lo de Gustavo Sala no se entiende: se nota que nadie sabe cómo seguirlo y no siempre se lo escucha cómodo o contento, como en los programas que conduce en el verano. En todo caso, ¿qué hace un dibujante en una radio? Si al menos pudiéramos ver sus historietas bizarras, se ganaría el sueldo con hidalguía. ¡Ah! Cierto que en esta radio… ¡no cobra nadie! Tal vez tendríamos que haber empezado por ahí. Pregunta para nuestros lectores: ¿es directamente proporcional la calidad de los programas al estipendio recibido? Parece que sí.
De Mex tenemos para decir sólo que si no se suma a los papelnonos pronto, asuma que las películas de terror ya no le dan miedo, si puede aparecer de vez en cuando por la R&P y no se asusta con estos muertos vivos…
Para Echavarría, dos consejos: que se haga una paja antes de cada programa, especialmente cuando pasan el GPS de mujeres, porque entra en una excitación indescriptible, peor que la de Rozín entrevistando a una mina (incluso si supera los 50). Y otra cosa: que fume un poco para que se le vaya esa voz de elfo castrado de bosque patagónico. O que lo asesore Di Florio, que tal vez le puede convidar algún bocadito hare krishna inspirador.
En realidad, como fieles oyentes, les sugerimos que abandonen el barco: en la R&P local nadie puede sobresalir, si levantás un poco el vuelo, te bajan del barrilete cósmico o te agarra Rokzilla y te hace añicos con su puñito… es que allí, reina el zar de los medios, el cerebro oculto tras las consolas, el Segismundo atrapado en la torre, el coloso del circo, en fin, el clon de Gino Renni: Manuel Rodas. Todo pasa por él y es tan pisa brote e ignorante que aunque estos chicos fueran luminarias de la radiofonía argentina (no se entiende lo del Martín Fierro: ni las nominaciones, ni el premio. Cómo serán los otros programas del interior), Rodas impediría cualquier posibilidad de demostrarlo. Dicen las malas lenguas que lo pierde el cholulaje del verano, como Badía con los Beatles, pero con las figuras más chotas del ambiente estival marplatense: guarda mensajes de famosos como el nabo de Iván Noble, se jacta de conocer a modelos anoréxicas y de tener contactos con grandes personalidades como… Favio Posca. Visiten “su espacio” y vean cómo esta nueva viuda de Cerati muere por lucirse y sacarse fotos con la gente de moda y aparecer en las revistas. Guarda reliquias y souvenirs en su altar cuya figura central es Marito, al que rodea de velitas modernosas (a esta gente le gustan siempre las velitas). Todo esto durante el verano, cuando no te saluda y habla con dos celulares al mismo tiempo en la playa de moda; después, en el deprimente y desolado invierno, te cruzás al bueno de Rodas cabizbajo por la peatonal y hasta con ganas de charlar; se ofrece a comprarte una remera en Locuras a cambio de escuchar sus divertidísimas anécdotas con Nacho Goano.
Es tan aburrido todo que ya nos aburrimos de escribir.
Lo único bueno de esta emisora local, es el odio que le tiene Fabián Spampinato, que ha originado todo un mundo paralelo pero aún más decadente que intenta falsamente ubicarse en la “trinchera” del rock opuesta. No sabemos de donde salió esa teoría pelotuda de “ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón”. En el caso de Salieri Spampinato, nos parece un agravante de su condena que imite una imitación…. Sobre todo porque el original no es, precisamente, Mozart.
Muchachos: hay todo un mundo allá afuera del triste paño de la radio local, detrás de las alfombras raídas, los pósters tristes de mujeres en bolas, los chapeos decadentes y los regateos por publicidad que empiezan en cuatro cifras y terminan en un canje de unos pantalones skater con un tiro tan bajo que quedan en los talones. Entiendanlón.


miércoles, 12 de mayo de 2010

Matemos al América Libre

Amigo, amiga si estás solo/a y estás aburrido de Mar del Chat, queremos que compartas con nosotros la experiencia de este centro multidisciplinario que es, paralelamente, un alto para el caminante que se dirige al centro de la ciudad; el lugar para tomar mate si no tenés un mango para el café ni un amigo para que te escuche; el sitio de todo desahuciado por la sociedad que al no encontrar su lugar se pone a “militar” y la fija de aquel incomible que encontrará allí a alguien que priorice las ideas políticas al aspecto físico (y si tensás mucho tu politización por ahí hasta ligás a una mina linda). En Matemos a las ballenas compartimos este testimonio de mala fuente:

Aburridos de pasar los fines de semana en los bares de Yrigoyen (donde las minas no están tan buenas como en Alem, pero los patovicas son igual de pelotudos) decidimos cambiar de ambiente y, con el propósito de amortizar las Topper blancas que compramos en un Outlet, a las que le sumamos un pulóver incaico que nos trajo una evacuada del Machu Pichu, nos dirigimos a la Plaza Rocha. Como los del mercado de Pulgas quieren asaltarnos haciendo pasar por antigüedades las baratijas que tienen en la casa, y nos repugna la vida sana que sugiere la gente de la feria verde, nos metemos en el América Libre.

Ya al ver las consignas pintadas en las banderas nos sentimos un poco desubicados. Mientras en un documental nos muestran al Comandante Marcos, unos carteles piden que se vaya alguien de un país que no conocemos, pero que tiene muchas K; de esta manera, nos admiramos en lo involucrada que puede estar en las luchas globales esta gente que pareciera estar únicamente abocada a vendernos comida de dudosa procedencia en un lugar un tanto sucio.

Cansados de ver al encapuchado Marcos en función continuada nos vamos a otro cuartucho, en el que nos enteramos de que los muchachos del América pusieron escuela. Al parecer, ahora en semejante antro se puede hacer el secundario mediante un bachillerato popular. Atención a aquellos que no pudieron terminar ni en el Minerva, ni en el Universitas: el América Libre les da una nueva oportunidad; no importa qué tan mensos sean, mientras se finjan un toque revolucionarios parece que en el América Libre College les dan un titulito. Una nueva forma de enseñarnos en los márgenes del sistema estatal: todos sentados en ronda rompiendo el viejo esquema de disposición unidireccional y produciendo tanta confusión que nadie sabe quién carajo es el docente y qué mierda se está aprendiendo. El alumno construye su propio conocimiento, tal vez debido al vacío de la currícula libertaria. Siempre citando a Freire, pero pispeando el manual de Santillana para no mandar tanta fruta, los docentes logran insuflar contenido político a cualquier concepto. Con uniformes puteadas al sistema, pero implorando al mismo Estado que por favor los reconozca. Entonces, muchachos y muchachas, a comprar ya el uniforme: se trata de un pantalón camuflado, borcegos pesados, camisa verde oliva y boina para ser los nuevos milicianos de una revolución bastante parecida a la Armada Brancaleone, pero sin la gracia de Vittorio Gassman.

Aburridos de la interpretación comunista de la tabla del dos, nos vamos a otro rincón, donde se reúnen las chicas de Frida. Según lo que podemos escuchar son unas feministas que proponen la no depilación como forma de parecerse a su ídola y, por añadidura, desalentar a los hombres a tener sexo y, de esa manera, acabar con la violencia sexual masculina. Se trata en su mayoría de pibas resentidas que no fueron agraciadas en la repartija de culos y que, en vez de salir a correr, hacen toda una ontología del ser gordas bigotudas en chancletas que fuman particulares 30.

En el América encontramos la tristeza del chico rico al que se le da por ayudar a los pobres, pero como es una proletarización cómoda ni en pedo se ponen a militar en la villa, entonces, tenemos este centro clasista y combativo en el corazón de la ciudad, donde de vez en cuando hacen pasar al trapito que cuida los autos que les regaló papá para que haya alguien de la clase a la que dicen representar. Como todo buen izquierdista es antiperonista a morir, y especialmente anti K, oponiéndose a todas las medidas populares en nombre del pueblo. Hace poco, el gobierno les ofreció donarles el espacio que usurpan, a lo que se opusieron fervorosamente alegando: “este gobierno de mierda quiere vaciar de contenido nuestra lucha al no escandalizarse con nuestro discurso y hacer las cosas que nosotros proclamamos”.

Subiendo por escaleras sinuosas llegamos a la sala de teatro del América, denominada El Palomar (¿será porque está llena de cagadas?). Hablando de teatro, más allá de la falta de control de sanidad y la absurda asociación entre mugre y revolución, lo que indigna del América Libre es su tendencia a la competencia desleal. Si uno quiere hacer zapatillas argentas seguramente se topará con la limitante de la falta de competitividad, porque aunque explote hasta morir a unos bolitas ilegales como la novia de Macri, no podrá competir con el trabajo infantil cuasi esclavo de la China. De la misma manera, si usted monta el kiosquito del centro cultural (como está haciendo ahora el bueno de Cristian Peléaz en “El que tiene sed”) deberá, en primera instancia, alquilarse un lugar, como hacen, por otra parte, hasta los chicos de la Jueventud Comunista que ahora tienen una casita en la coqueta Plaza Mitre (aunque se entiende que el paso de Cortázar por el inmueble la debe haber dejado en condiciones tan deplorables que hicieron descender el precio de la propiedad hasta el piso, suelo donde aún es posible hallar cintas de los cortos más aborrecibles que se hayan proyectado en esta ciudad).

Pero volviendo al funcionamiento de los “almacenes culturales”, cuando monte un espectáculo teatral, deberá intentar prorratear con la entrada los gastos de su alquiler. Por más que los chicos del Galpón de las Artes hagan de la renovación de su alquiler un controvertido tema público (a mí me subieron el alquiler de 700 mangos a 1000 de un saque y no saqué una solicitada en ningún lado) o los del Séptimo Fuego nos torturen con la venta de empanadas incomibles para arreglar el techo, nada es comparado con los precios populares que pueden ofrecer los muchachos del América Libre ya que, al haber tomado el espacio imitando a Rodrigo de la Serna en Okupas, se ahorran unos buenos mangos de alquiler.

Claro que está bien que las entradas sean baratas porque uno con los espectáculos del América se puede llevar unos buenos chascos. Al ver a los clowns en las varieté se agradece que los espectáculos en los semáforos sean sin parlamento, ya que estos muchachos tienen muy buen estado físico, pero los chistes son malos como los de Corona.

Otro problema que tienen las obras del América es la obligación de meter contenido político inmediato: no importa si hablás de la Caída de Constantinopla o de las razones para ser vegetariano, siempre hay que mechar una consigna de lucha popular. Así, en medio de La rosa de cobre empiezan a hablar de los cacerolazos del 2001, y parece que Nito Artaza y Arlt fueran uno y el mismo.

Se entiende que no tenga un guión sofisticado un espectáculos de payasos, pero con la idea de que “los actores crean su propio material” y otras paparruchadas robadas a un chanta que parece que alguna vez le dio un beso de lengua a Pavlosky, Lucas Capurro nos aburre con una bizarra interpretación de una Ana Frank a la que te da ganas de que los nazis la encuentren de una vez así deja de hacer pelotudeces con paraguas, perchas y valijas, sobre un escenario triste, y nos podemos ir a comer. En cuanto a la escenografía, le avisamos a Capurro y su escueta compañía que tal cantidad de plástico junto a velitas parece una idea poco afortunada, aunque sea el único elemento con adrenalina en un espectáculo soporífero; ya me imaginaba en un nuevo Cromagnon escapando del incendio corriendo escaleras abajo mientras me topaba con mochilas gigantes (un americalibresco no sale sin ella por si se va de viaje, campamento, hace una revolución o pernocta en lo de una mina), bolsas de dormir, tres mimos anarquistas, un miembro del partido comunista albanés infiltrado, un payaso expulsado porque le gusta 678, un perro al que le amputaron una pata para hacer hamburguesas en una peña, una pila de panfletos proclamando: ¡Fuera rusos de Chechenia!, y un par de bebés criados en comunidad.

Finalmente, llego a la vereda y aterrado me doy cuenta de que todavía queda gente adentro. Les grito a los militantes que entremos a salvarlos, pero me contestan que no me preocupe porque las cúpulas están a salvo: ya sacaron en andas al iluminado Polleri, y sólo queda adentro la gente de teatro y algunos pobres que habían reclutado para la ocasión.

jueves, 15 de abril de 2010

No tenemos sucursales!





Verán por la calidad de los comentarios a nombre de matemosalasballenas que no somos nosotros, los que administramos este blog, los que los escribimos (y tampoco armamos otro blog)
Nos sentimos como Batman en "El caballero de la noche"; gracias a los imitadores: si quieren ayudarnos a bardear gente, suerte!




miércoles, 14 de abril de 2010

Matemos a los papelnonos


De todos los post que hemos publicado hasta la fecha, éste, tal vez, sea el más inútil. Dejar que las cosas sigan su curso natural y el ciclo de la vida consiga su propósito pareciera ser una buena opción. Pero, como buenos protestones, herejes, pisa brotes y, en este caso, pisa hojas que deja el otoño, entre las muchas cosas que somos y nos adjudican –eso siempre es lo más jugoso- no queremos que pase inadvertido un fenómeno social que ya -según recientes investigaciones- se está extendiendo hacia otras ciudades de nuestro país. Por lo tanto, no queríamos dejar pasar nuestra oportunidad para expresarnos, como siempre lo hacemos desde la más absoluta cobardía que nos confiere el anonimato.

Resulta, amigos lectores, que la ansiedad nos carcome en tanto que la paciencia y la tolerancia no parecieran ser nuestros mejores atributos. En cambio, sí, el inconformismo y la maldad son terrenos fecundos para nuestras diatribas. Deseosos entonces de no esperar sentados a que las leyes biológicas lleven a estos viejos chotos al inapelable camino del campo santo, nosotros proponemos una muerte más digna y algo más rápida. No nos motiva la crueldad para semejante propuesta pues ésta es sólo un medio, sino más bien el peligro que traen aparejados los avances en la medicina actual y su impacto en la longevidad de un sector etario poblacional. La ciencia no ha reparado en que sus avances no tributan en una mejor calidad de vida para todos. Queremos decir: tal vez estos dulces viejitos que hacen mímica con una trompetita de mierda y pretenden que pensemos que hacen música estén contentos pero, señores, esto es a costa de los boludos que tuvimos que fumarlos en alguna ocasión. No es, por supuesto, un fenómeno aislado y como una reacción en cadena surgen toda clase de grupos y asociaciones: club de orquídeas, nonos pelotudos en moto, centro de jubilados de la chota, abuelos lee mierdas, ancianos del mundo uníos, entre otros.

Es cierto que estos grupos difieren en cuanto a su capacidad de rompernos las pelotas a los distraídos que cada tanto nos topamos con ellos. Desde este escrito advertimos con la intención de que nadie caiga preso en un recital de estos voluntariosos abuelitos, al menos sin conciencia. Los que están cagados son los estudiantes de todos los niveles que deben verlos y escucharlos de forma obligada en algún acto escolar. ¡Pobrecitos nuestros niños; que ponga atención el Ministerio! Lo peor para nosotros los más grandecitos puede sucedernos en una de estas patéticas ceremonias y detectar junto a nosotros a un asistente emocionado hasta las lágrimas, sacando chispas a las palmas de tanto aplauso. No nos engañemos: esto es simplemente culpa por el abuelito que no visitaron en la puta vida.

Lo más riesgoso para la especie toda es que estos entusiasmados cuerpitos en decadencia crean ser parte de algo importante para la sociedad. Ante tal pretensión, convendría reflexionar acerca de cómo es que si no pudieron hacer nada trascendente con sus vidas es posible que lo quieran hacer con el último aliento. No jodamos ¿alguien serio se imagina a un Osvaldo Bayer soplando un chiflido insoportable? En Cuba, por poner un caso, tienen a Buena Vista Social Club, acá tenemos a los pedorros Papelnonos. He aquí la cuestión; porque detrás de estas mentes ya confusas por años de grasa en las arterias se halla un pelotudo mayor que los convence de estas atrocidades. Nos referimos al psicólogo Jorge Strada, mentor de que nuestros mayores tengan que hacer “ruido con bombillitas de papel”, como él mismo dice en la página web de la asociación devenida en fundación, pero un “ruido interesante”, aclara el muy zapallo.

Matemos a los Papelnonos, claro. Pero primero hagamos justicia con el responsable para que no siga reclutando huestes de seres envejecidos y aburridos para ensalivar cartulinas. Después prendamos fuego las cornetitas esas de mierda; con un fosforito basta para la tarea. Entonces, sí, hagámosle el favor a los viejitos para que a nadie se le ocurra seguir exponiéndolos al ridículo.

Por último, para que no se piense que esto es pura destrucción, hacemos pública nuestra propuesta: atendamos bien a la tercera edad, que sigan subiendo las jubilaciones de los nonos, así, sospechamos, más de un interesado nietito pasará a visitarlos un domingo cualquiera en busca de algún mango. Más vale viejo acompañado que cien haciendo ruidos lastimosos.


Una muestra...

jueves, 8 de abril de 2010

Matemos a los que leen poesía


Participación que ni pedimos ni vamos a pagar, pero nos la hicieron llegar y parece que es alguien que conoce el paño. Gracias, insufrible oyente de poesía!



El género de la poesía tiene la peculiaridad de tener más escritores que lectores (todos escribieron un poema cuando los abandonó la novia, pero los compradores de libros de poesía son un mito urbano). Si pensamos en esta característica podremos inferir que los poetas, por más que parezcan humildes o cándidos son gente ególatra y resentida. Y por eso, llevan a cabo esas nefastas ceremonias narcisistas que denominan pomposamente “Lecturas de poesía”, “Festivales de poesía”, “Poesía para todos”, “Agarráme la metáfora” o cualquier título que se le parezca.

El típico lector de poesía (léase: autor de poesía que nos va a torturar leyendo sus versos en voz alta) toma un sorbo de agua mineral con gesto impostado que parece más propio de una conferencia en el London School of Economics que del borracho tomador de Brahma que todos conocemos.

Comienza entonces la lectura de una poesía sin métrica, rima, ritmo ni pizca de musicalidad, en la que nos confiesa su tortuosa interioridad. Durante los primeros cinco minutos, el auditorio finge escuchar e interesarse, pero luego inevitablemente se dispersa. Un grupo de chicas se queda mirando la vestimenta de las otras, celosas y molestas porque lograron un vestuario, peinado y maquillaje más excéntrico que el suyo. Aunque hayan pasado toda la tarde experimentando las peores combinaciones posibles entre calzas chillonas que malamente contienen culos caídos, zapatos de la abuela, remeras con inscripciones raras, chalecos, pines y carteritas bizarras, sus competidoras han logrado superarlas al ponerse polleritas cortas con piernas llenas de pelos, zapatillas all star tan rotosas que parecen sandalias, remeras ajustadas con estampados feos que lamentablemente exhiben las partes rollizas y pseudos tapados de piel aunque haga cuarenta grados. Los flacos, con infaltables anteojos gruesos de marco negro y morrales cruzando cuerpitos flacuchos (la mayoría de las veces), se jactan de no ver TV o no chequear mails muy seguido, y al toque sacan celulares de esos con tapita, de casi última generación, en donde esperan infructuosamente respuesta de una señorita a la que no logran meterle ni el verso.

La distracción es comprensible porque el poeta habla con metáforas horrendas de su sexualidad misteriosa cuando desde hace años todos sabemos que es puto, y uno, para contar cosas así debería pagarle a un psicólogo y no aturdir al mercado cautivo de los que concurren a las lecturas de poesía como única forma de interactuar con otros freaks y lograr coger.

La plaga urbana de las lecturas de poesías recorre la ciudad intentando contener la producción de una ciudad que tiene prácticamente más poetas que bandas de covers. Afecta a la librería de extramuros en zona de boliches y familias con varios chicos y un perro, que están durante el fin de semana buscando ese puto libro que pidió la maestra y sólo aspiran a terminar dentro de cien años de pagar el crédito de sus chalecitos; no les importa una mierda la cultura en general, ni la poesía en particular, ni menos aún ver el aluvión zoológico de nerds que hoy asalta el almacén barrial.

El mal aquejaba también a librería céntrica a la que le encantaba (ahora, pasó a mejor vida a pura liquidación) cobijar escritores desheredados (por unos padres hartos de que su hijo se finja artista y nunca pruebe una vida más vulgar que la del mantenido), en un antro que se pensaba como reducto de la cultura, pero ni bien levantábamos los ojos veíamos estanterías plagadas de libros de autoayuda: qué se puede esperar de un negocio cuyo nombre era… ¡una pregunta! (que se asemeja a las que nos hacía la más pelotuda y evaluadora de nuestras profesoras del colegio).

Pero el problema avanza por las calles locales cual típica inundación marplatense y también aqueja hasta a un “multiespacio” de la calle paqueta(e?) en la que las chetas teñidas de rubio con las tetas hechas mirarán con asco desde sus 4 X 4 la horda de artistas que intenta llegar a su punto de encuentro. Sin embargo, los poetas y su auditorio en algunas ocasiones no pueden arribar a la meca del snobismo cuyo nombre es un compositor noruego mucho más ignoto que el de la librería céntrica, porque los taclea la policía para pedir antecedentes y, en otras, porque se deprimen mirando vidrieras la ñata contra el vidrio y por qué mierda habré elegido la vida bohemia.

Terminada la horrible lectura sólo queda lo peor: los poetas, sus familias y amigos elogiándose entre ellos y la desesperación por vender una plaquetita hecha en cartulina de colores que los convenció de pagar la pitonisa de la poesía local, que distribuye los colores de las cartulinas tan aleatoria y caprichosamente como sus favores, y a la que se ve en los eventos rodeada de un séquito de abollados pollitos aterrorizados de sacar los pies del plato. (Tampoco deberíamos olvidar al desdichado grupito de poetas humillados por la pitonisa y su séquito, que, condenados a morar en oscuros sitios con menos visitas que Videla en el día del amigo, viven preguntándose por qué no los dejen ser parte de la caterva de iluminados y no miserables concurrentes de sus reuniones de cuarta.) El afán de trascendencia que persiguen es ilusorio porque:

a- Nunca nadie se transformó en Mick Jagger haciendo versitos.

b- La pitonisa es como un ombú debajo del cual no crece nada.

c- Es amiga de la insufrible Beatriz Sarlo (no tiene nada que ver con nada, pero queríamos decirlo).

En síntesis, las lecturas de poesía sólo pueden tener interés antropológico para ver gente con vestimentas y patologías mentales extrañas. Pero a la segunda o tercera vez nos damos cuenta de que la veta se agota porque son un grupo endogámico que se renueva poco y que al reproducirse internamente logrará productos cada vez más extraños y deformes como la realeza europea, pero sin guita ni glamour.

Matemos a los poetas que hacen lecturas, sus revistas feas y pomposas, sus plaquetas mal impresas, sus libros con menos diseño que un panfleto del Partido Obrero, porque son unos impostores que creen superada una poesía que ni leyeron, “creando” un magma informe que ni siquiera representa algo under (porque son chicos de la facultad de Humanidades, o parecido, cuya experiencia más fuerte fue fumarse un porro, pelearse con la novia de la facu o la muerte de su abuela de noventa años), y encima tienen un airecito superior como si por escribir unos versos poco inspirados en papel fotocopiado el resto de la urbe debiera rendirle al bardo pleitesía.

Ay, qué tiempos aquellos, los de grandes poetas como Sobrón, con famosa profesora de Letras presentándole sus libros en mesa con mantel rojo, micrófono y jarra de agua…


viernes, 5 de febrero de 2010

Matemos a los evacuados de Machu Picchu


Ya merecían morir por ser tan esnobs de irse al lugar de moda donde van los que creen que ahí nadie viaja. Ya merecían morir por comprar un paquete en una agencia capitalista pero igual jugarla de hippies mochileros. Pero los hechos conocidos por todos incriminan todavía más a esta versión posmoderna y liberal de los vagabundos de Dharma.

Matemos a los evacuados de Machu Picchu porque ahora se hacen los superados émulos del Oceanic 815 que vivieron una experiencia extrema pero antes de viajar fueron tan pelotudos que no se fijaron que la zona a la que se dirigían estaba en plena época de inundaciones. Y si lo sabían, se trata de una pelotudez agravada, son el doble de pelotudos.

Matémoslos porque sencillamente nos molestan, porque eliminándolos hacemos dos favores. Un favor a ellos mismos, que están condenados a vegetar (lo que viene ni siquiera será vida) de la nostalgia del único suceso importante que les ocurrió (a no ser que sean tan pelotudos de reincidir), nostalgia que se transformará en depresión, depresión que dará paso a las adicciones, adicciones que desembocarán en el seguro suicidio. Y otro favor a sus allegados, que deberán soportar las mismas anécdotas durante todos los cumpleaños, navidades, casamientos, bautismos y reuniones de todo tipo que queden de aquí al final de sus vidas.

Matemos a los evacuados de Machu Picchu porque son considerados héroes sin haber hecho absolutamente nada admirable, porque ya crearon grupos de facebook donde se juntarán a “a recordar y compartir experiencias, fotos, acnecdotas de nuestra extraña estadia en Aguas Calientes” (sic), o sea que además de ex varados no saben escribir en un teclado y son usuarios de facebook, mereciendo de esta forma una doble o triple matanza.

¡Matémoslos porque buscaban aventura, porque se suponía que iban al encuentro con lo desconocido, pero cuando vino la aventura, cuando llegó el encuentro con lo desconocido en forma de alud de barro y agua, se largaron a llorar y recién se tranquilizaron cuando vino el avión de la Fuerza Área Argentina equipado con mantitas y tecitos para la gripe! ¿Imaginan a un verdadero hippie, a un verdadero mochilero, a un verdadero ser humano con dignidad volviendo a casa a bordo de un Focker F-28 mientras abraza al piloto y mensajea a su mami que está preocupada?

Y conste que los matamos porque ya los rescataron, porque lo ideal hubiese sido abandonarlos, que prueben de su propia medicina cagando entre lo yuyos por toda la eternidad y obligados a limpiarse el culo con hojas rasposas, trabajando para sobrevivir en empleos a los que en su país de origen nunca accederían y finalmente morfándose entre sí como en los mejores y más populares accidentes de la historia.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Matemos a los que hacen pedagogía del volante


Vos vas tranquilo, circulando por tu mano, respetando la derecha, dejando cruzar a los peatones, frenando en el semáforo rojo y arrancando en el verde (nunca en el amarillo), poniendo balizas cuando vas a estacionar y compartiendo la experiencia del manejo responsable y a conciencia con miles de conductores como vos… hasta que te despertás.

Está claro que nada de esto ocurre ni va a ocurrir, reconozcámoslo de una vez; aunque se hagan campañas de educación vial y no nos guste levantar gente como sorete en pala ni que nos saquen con soplete de una cantidad de hierros retorcidos, cuando estamos al volante todo nos chupa un huevo.
Sin embargo está saliendo el sol para el mundo automovilístico, renacen las esperanzas para el tránsito, los zorros se morirán de aburrimiento estratificados a la vera de la ruta y pronto los peatones saldrán de sus casas sabiendo con seguridad que podrán volver sanos y salvos. Es que hay una raza de conductores que han sido bendecidos con un arte maravilloso: la pedagogía del manejo. Gracias a ellos, los conductores infradotados e irresponsables sabremos cómo conducirnos al volante.
Sus métodos son variados y efectivos. Se esfuerzan por señalarnos los errores aún poniendo en riesgo sus vidas e, incluso, ¡haciendo maniobras inapropiadas!
Se ponen a la par de tu auto para putearte porque vas lento y aceleran a los pedos; hacen gestos pelotudísimos considerando que son claramente traducibles a algo parecido a un concepto soltando el volante; te dan órdenes a través de la ventanilla cerrada; te señalan cualquier cosa que esté fuera del vehículo: semáforos, sendas peatonales, carteles de velocidad y hasta que ubicás la referencia de su dedito (que creías que señalaba el culo de Araceli González con bombacha Selú) te la ponés contra un poste…
Nos preguntamos cuándo van a poner su academia, pero fuera del auto (y si, si estuvieran caminando, harían las misma pelotudeces).
Les sugerimos que los domingos se pongan polleritas pasando la rodilla como testigos de Jehová y salgan a arengar gente para crear conciencia, pero dejen de rompernos las pelotas mientras manejamos, pedazos de hijos de puta.

domingo, 1 de noviembre de 2009