viernes, 1 de abril de 2011

Matemos a los psicólogos (de una vez...)


Como se darán cuenta nuestros lectores del blog, seguidores de twitter y comentaristas de facebook (todos más chapas que nosotros, eso está claro, ¿no?) los que hacemos Matemos a las ballenas les regalamos unos buenos morlacos a los psicólogos (lacanianos, freudianos, gestaltistas, etc.); personas que si no son Dios, se le deben parecer bastante. Siempre quisimos hacer un Matemos a los psicólogos, pero tememos las represalias de nuestros analistas (a los que nos vimos forzados a contarles nuestra patología asesina de mamíferos que tiran agüita). Por eso, nos limitamos a aceptar la colaboración de alguien que critica desde adentro las bajezas de su profesión.

¡Ah! Y no busquen muchas soluciones porque la culpa de todo es de nuestros padres.


La psico- maestrita

La psicóloga educacional es un combo de mujer/maestra ciruela/pedagoga/asexuada/burocratizada. Es una dulce psicóloga de hablar pausado en el mejor de los casos; cuando se dirige a las madres de los alumnos les dice cosas como “Mamá, tenés que ponerle límites, él los necesita”. Lo profiere con un dejo cuasi pediátrico, cuasi maestrajardineril, cuasi…pelotudo.

Ama, pero ama, los papeles, los tests de inteligencia, de personalidad, los pedagógicos, el Bender. Le fascina encontrar el rótulo justo para cada niño, diagnosticarlo como ADD (síndrome de déficit atencional, invento de los yanquis que funciona como una bolsa de gatos donde se mete a los niños sin preguntarse, casi nunca, qué es lo que les pasa y por qué).

Adora, como todos en educación, las siglas: M.R. (maestra recuperadora), O.E. (orientadora educacional), M.I. (maestra de nivel inicial) y tantas otras que adornan los textos en los que se hunde con verdadero amor: circulares, modificaciones curriculares desde el Ministerio de Educación, capacitaciones y montones de papeles que circulan con jerga pedagógica e infinitas clasificaciones, más bien inútiles en la práctica.

Trata a todos como si fueran alumnos, combinando una veta interpretadora con una aleccionadora: nunca pierde de vista la moral y buenas costumbres.

Le encanta la psiconeuroinmunoendocrinología, de boga en estos tiempos, y sabe un montón sobre las “funciones ejecutivas” y “de base”, descripciones del funcionamiento cognitivo que delimitan muy bien el pensamiento y suele dejar afuera lo más importante: qué le pasa el pibe en problemas, qué onda la familia, si sufre o qué. Percentiles, siglas y textos de Bohoslavsky y Nassif envuelven a esta prolija psicóloga.

Una variante muy frecuente es la psicóloga educacional desquiciada, al estilo la maestra de Gasalla. Grita, maltrata a alumnos, padres y compañeros de trabajo, pero blande su título ante la primera complicación y en nombre de la psicología hace cualquier barbaridad. Gusta de acciones sádicas con nuevas compañeras de Gabinete y no pierde esa sonrisita sarcástica nunca. Es la que junta la plata para los regalos en los cumpleaños de compañeras de trabajo y despotrica contra el marido toda la maldita jornada laboral. Es en realidad una directora de escuela frustrada, que ahora desquita todo eso con quien tiene a mano. La psicóloga educacional lleva en su corazón a un Sarmiento aguerrido y lo defiende hasta las últimas consecuencias.

Psico- nabo

Una variedad bastante difundida en nuestros tiempos, y quién sabe, tal vez también desde tiempos inmemoriales, es el psicólogo "nabo". Suele ser un sujeto con pinta de nerd-looser, viste camisa a rayas o chomba, pantalón pinzado o jeans clásico, pelo corto. Mantiene una media sonrisa e intenta un gesto intelectual en su mirada, pero no le sale.

El psicólogo "nabo" es más que nada un consejero, que a veces ni sabe bien por qué aconseja lo que aconseja. Habla pausado y asiente con la cabeza (bah, todos los psicólogos asienten con la cabeza), a veces se toma la pera, mira lejos y dice "qué cosa, eh?", una de sus intervenciones favoritas. Es de los que llena los vacíos rápidamente con palabras (cualquiera) cuando el paciente se queda callado o llora; dice boludeces porque no se aguanta muy bien este temita de la angustia ajena. Pero, a la hora de cobrar honorarios, se re aviva.

Es un gran decidor de obviedades en los congresos, presenta trabajos (siempre pero siempre presenta trabajos, "por el curriculum, ¿viste?"), en los cuales no hace más que repetir conceptos de la vida común. El típico trabajo del cual uno podría decir "pero mi vecina opina lo mismo, no hay que ser psicólogo para decir eso". Sin embargo, el "nabo" será muy nabo pero frecuentemente consigue algún cargo de coordinador, jefe, capacitador, etc. Su mediocridad como profesional no quita su intención de gerenciamiento y hasta diríamos, de poder. Ocupa lugares de trabajo en entidades públicas, asciende, tiene personal a cargo. Participa en eventos como del colegio de psicólogos, de salud mental en hospitales públicos, municipalidad, en fin, cualquier sitio de interacción con otros donde despliega su ánimo de nabez, porque es un tipo muy sociable.

Puede ser querible o detestable, según en qué posición quede uno con respecto a él: como paciente, uno lo detesta después de perder un lustro de terapia amable pero poco fértil; como vecino, es excelente.


La psico-loka Mala

Esta variedad se refiere a la psicóloga mala de maldad, no de mala profesional o de escasa formación, aunque pueden darse juntas ambas variedades. En este caso hablaremos de la psicóloga con buena formación psicoanalítica. Esta es la psicóloga que más sonríe, como el beso del mafioso, como la sonrisa de Medusa. Te dice cosas terribles, pero no terribles como cualquier psicólogo que te hace ver lo que te tiene que hacer ver, sino que parece que la dirección, la intención es esa: angustiarte.

Por ejemplo, si le contás que hace tres años que estás sola y no podés concretar una pareja, ella te va a decir “Evidentemente usted disfruta de eso” o “Ahí usted goza”. Mientras empezás a lagrimear y le explicás que eso no es posible, ya que es lo que te trae a la consulta, refuerza: “Si se repite es porque se satisface en algo, Daniela”. Sin más, deja toda su intervención ahí, arrojándote al más absoluto y diabólico silencio. Porque considera, por ejemplo, que es el momento del corte significante (significa que no te va a hacer pensar ni asociar más y se va contenta con la aplicación de la clínica de la angustia, tal como la estudió). Y ya francamente angustiada volvés a tu casa más confundida que antes y ahora culpándote por ser tan enferma de satisfacerte haciendo lo contrario de lo que deseás.

Mientras tanto esta psicóloga se nutre de textos que repiten que al sujeto hay que responsabilizarlo de su goce, pero ella no es muy avispada clínicamente aunque tenga un par de masters hechos, y lo entiende literal: decirle y machacarle esto al paciente sin darle la oportunidad de trabajar las líneas históricas inconcientes que lo llevaron hasta ahí. La cosa es que a la siguiente sesión, la Mala parece ensañarse y te tira con igual artillería, y cada vez más conforme consigo misma. Porque lo que más le interesa es que su narcisismo de analista quede intacto. Cuando un día le planteás que no querés ir más, opina que son tus resistencias al tratamiento y que evidentemente no te gusta escuchar la verdad de la milanesa (aunque dicho más elegantemente).

Ah, y no se va a olvidar de sacarte un ojo de la cara y la mitad del otro a la hora de cobrarte la consulta.

 

viernes, 25 de marzo de 2011

Matemos a los artesanos advenedizos



En un afán de caerle bien a nuestro amigo poeta Gastón Malgieri y para que vean que no tenemos nada en contra de la poesía, nos arriesgamos con unas estrofitas para matar a una especie urbana de saqueadores de la buena fe y el bolsillo.

Un trabajo siempre es digno:
ocho horas, plata en mano.
No jodamos con el arte,
no te hagás el artesano.

Sos mi amiga y te acompaño
a comprar las servilletas
que pegotéas con esmero
en un plato de madera.

Es un genio, no lo duden,
el que inventó el decoupage.
¿Es un arte para pocos?
no, sólo para los desocupauge

Todos cosen, cortan, pegan,
pintan, clavan, copian, arman;
es el infierno del “arte”,
¡a ver cuándo me la maman!

Sos mi amigo y yo te quiero,
pero un límite aparece
si me mostrás una lona
llena de pelotudeces:

prendedores con caritas,
collares de vidrios rotos,
anillos de plastilina,
imanes con varias fotos.

Zapatillas estampadas,
aros con plumas colgando,
remeras deshilachadas,
¡que me la sigan chupando!

Velas con olor a culo,
posavasos al crochet,
bufandas de macramé,
¡hasta un corcho me fumé!

Te visitan y en seguida:
“¿Te muestro lo que fabrico?”
Es el horror, ¡el horror!
Mi cara…no te la explico.

Si un regalo necesito
siempre me caga un amigo
“hago bolsos, ya te muestro”
¡para qué te habrán parido!

Dios hizo el agua y el viento,
inventó el sol y la luna,
y en un descuido nos puso,
¡a estos pedazos de hijos de re mil putas!

miércoles, 9 de marzo de 2011

Matemos a los clowns


Ya de chico odiaba a los payasos, no porque me dieran miedo esas caras pintarrajeadas sino porque la repetición obsesiva en los cumpleaños de la música de Gaby, Fofo y Miliki puede volverte un asesino serial.
Después hubo un momento que me marcó muy fuertemente: durante un viaje en micro fui obligado a ver Patch Adams. Los hechos exactos constan en la causa 14.208 radicada en el juzgado de la Dra. Marchetti, donde denuncio a la compañía de transporte por daño psicológico profundo.
Creo que Patch Adams es la peor película de la historia del cine y reconozco que la insoportable cara de pelotudo altruista de Robin Williams con la naricita roja me pone violento. Por añadidura, la pelí-cula (no puedo usar la versión abreviada del término a lo Fito Paéz) está inspirada en un caso real, que es el de Doherty Hunter quien parece que es el inventor de la risoterapia.  No es aleatorio el apellido del fulano; cual cazador cobarde te agarra cuando estás internado, solo e indefenso. Tal paparruchada no hubiera tenido alcance mundial sino hubiera sido por esa bazofia lacrimógena hollywoodense en la que un médico intenta subsanar las enfermedades de sus pacientes haciendo payasadas. Estos acontecimientos que describo me han inspirado para dejar asentado ante escribano público mi deseo de que en el caso de encontrarme imposibilitado (oscurecida mi capacidad de discernimiento  o impedida el habla), bajo ningún concepto se acerque un payaso pelotudo a mi cama de hospital.
Les pido a los lectores, que quizá estén imaginando que soy un paranoico desquiciado, que se pongan por un momento en el lugar del tipo al que, por ejemplo, le amputaron una pata y encima tiene que bancarse a un clown pésimo que quiere convencerlo de que la risa lo va a curar. ¡Son unos payasos fumados que no causan ni gracia! No entiendo cómo pueden creer que lo que hacen es un servicio a la comunidad. Payasitos del mundo: dejen a los enfermos deprimirse y autocompadecerse en paz.
Pero no. Estamos cercados. La secta de los clowns todo lo infecta: no les alcanza con interceptarte en un semáforo, subirse a tu colectivo (obligándote a escuchar sus tonterías y presionando para que le habilites una moneda), también tienen que ser el número sorpresa del cumpleaños cuarenta  de tu prima (a la que la dejó el marido, tiene tres pibes y el culo tan caído que habría que ir a buscarlo al tercer círculo del infierno de Dante: ergo, no le alcanza  ni  un ejército de clowns para borrar su cara de ojete). Además te venden una rifa con el propósito de comprar narices nuevas de payaso (las del año pasado hubo que tirarlas porque con las gripes y resfríos  ya no había forma de esterilizarlas). Mi hartazgo de los payasos llega al clímax cuando voy muy alicaído cruzando la plaza camino al trabajo y me detiene y taclea un payaso del orto para darme un “abrazo gratis”. ¿Qué mierda le pasa a esta gente? ¡Que me consigan un abrazo gratis de Pamela David (la piba te debe cobrar hasta el mirarla lascivamente)! Nada me provoca más bronca que el hecho de que intente abrazarme un payaso roñoso.
Por otra parte, me veo obligado a concurrir a la varieté de clowns de otra prima. Se trata de  la hermana menor de la anterior que entre cerveza y cerveza en la fiesta  fue cooptada por la secta y ya no hay forma de sacarla de allí. Pero no sólo se trata de concurrir a la varieté (pagar la entrada que nunca es tan barata como lo mugroso de los lugares sugeriría) sino que los payasitos del culo no te dejan en paz en toda la velada: siempre tienen que tocarte, “interactuar” con vos…. hincharte las pelotas porque como no pueden hacer nada gracioso solos necesitan burlarse de los asistentes. Lo que más gracia me hace es que mi prima ya se  autodenomina “clown profesional”, dotada de una “formación” porque se la pasa practicando payasadas: tres veces por semana con su grupo, los fines de semana en Plaza Mitre tirando clavas y cosas así,   insistiendo en  hacer su gracia en toda fiesta familiar y curtiendo el look completo de todo paya: rastas en el pelo (al que añade tintura loca y pañuelos de colores) y pantalones raros gigantes y colorinches que no dejan entrever que con tanto hacer ejercicio  su cuerpo ha mejorado (sí, bueno, payasa o no, drogado igual le das). Es como si nunca más pudieran salir de su papel de clown y tuvieran que interpretarlo mientras toma mate con vos o va a cobrarle la jubilación a la abuelita.
Demás está decir que no le importa un carajo avergonzarte y tenés que aguantarte el papelón de estar emparentado con un clown. Yo antes tenía una prima que estaba relativamente buena, ahora es como que estuviera relacionado sanguineamente con una paciente psiquiátrica que va con su naricita colorada a todos lados inspirando lástima.
Harto de los clowns me tiro del colectivo en movimiento cuando veo subirse a uno al 551. Me hago mierda. Pero el chabón me persigue hasta el hospital con sus trucos, morisquetas y chistes malos. La idea de curarte a partir de la risa es peor que la de un mano santa y evidentemente contraproducente. Salgo corriendo por el pasillo con una pata quebrada, tres costillas fisuradas y politraumatismo de cráneo. Dentro de poco montarán guardia en los velatorios y en los cementerios para no dejarte en paz hasta el último minuto.

lunes, 14 de febrero de 2011

Matemos a los que festejan el día de los enamorados


Era un post obvio, tan obvio que nos daba paja escribirlo, pero mientras mis colegas en esto de arponear ballenas andan escribiendo boludeces (¿payasos?) yo me hago cargo. Y como ustedes, que nos critican pero no podrían sostener la calidad y lo atinado de nuestros juicios sobre TODO, igual se van a quejar, ahí va: matemos a los que festejan el día de los enamorados.

Convengamos en una cosa: San Valentín es un señor gordo y millonario, más que el que inventó Facebook y ahora se está cagando de risa. San Valentín es el gerente de un banco que nunca te va a dar un puto crédito. San Valentín es un gurú, hoy, que vive de los derechos de autor (sí, algunos pueden). San Valentín es cualquiera. Y no importa que sea un invento extranjero, es una reverenda pelotudez.

Matemos a los mogólicos que festejan cualquier cosa, pero especialmente el día de los enamorados. En 2008 le recomendábamos a un “famoso” escritor local que se callara la boca y no nos hizo caso, es más, se hizo la víctima y casi es famoso de verdad. Así que sabemos que ustedes, queridos lectores que no tienen, evidentemente, nada mejor que hacer, después de este post saldrán corriendo a celebrar el inconmensurable amor que se tienen con sus novios/as, maridos/as, concubinos/as, perros/as, amantes/es (deberíamos poner esa nomenclatura tipo noviXs pero imaginen que hablamos de cualquier tipo de relación en donde sí o sí se coje, de eso de trata en definitiva). Y caerán en esta farsa no sólo con besos y abrazos que los convenzan de que sí, vale la pena acercarse, confiar, dar todo por el otro, por esa media naranja que tanto les costó conseguir (una manzana, y cortada por Sofovich hubiera sido mejor como imagen –si se trata de minas, ¡me anoto en cualquier elección de Sofovich!), sino que también comprarán alguna berretada.

Estamos hablando de regalos. Obsequios. Presentes, ¡nunca mejor dicho en este caso! Le regalás un presente a la persona que, no tengas dudas, será tu pasado. Esta es buena, podríamos cortar el negocio del amor con una leyenda oscura: pareja que festeja el día de los enamorados, pareja que se separa. ¡Vamos a armar un grupo de Facebook! No, no podemos, nos echaron de esa fraterna red social (y no vamos a contar por qué, pero sospechamos que el heredero de una librería comercial se enojó un poquito con nosotros… todo porque cuestionamos el concepto de belleza de una admiradora que le dejaba comentarios babosos en cada una de sus fotos… ¿está mal expresarse si la mina tenía una visión deformada de la realidad o está del moño?)

En fin, hace unos días me ofrecieron una cosa tan horrible para agasajar a mi novia que me indigné. Primero, porque me vieron cara de pelotudo celebrador del 14 de febrero. Cara de pelotudo debo tener pero por otras cosas, más dignas, como hacer este blog con mis amigotes (otros tienen más cara de pelotudos pero no matan ballenas sino que aplauden imposturas, frases hechas y forradas bienpensantes por el estilo). Segundo, porque la mierda que me ofrecían bajo la etiqueta de “artesanal” (matemos ya a todos los artesanos que quieren hacer unos mangos extras) no ameritaba que su creador hubiera pasado los nueve meses en el vientre materno. Se trataba de una especie de cuadrito, que no colgarían ni siquiera en una sala de tortura, en la que dos muñecos humanoides (una versión libre de la figura humana, sin dudas) entrelazaban sus manitos (a una, estoy casi seguro, le faltaba un dedo) y se besaban bajo una especie de paisaje campestre y un cartelito que decía, obviamente, “Te amo”. Creo que lo que más me indignó fue el uso de este eufemismo. Es más, tal vez me hubiera bancado el cuadrito lleno de materiales: paja, telas de colores, plasticola brillante, porcelana fría y no sé qué carajo más (compran todo en esa librería del orto que se autodenomina la más barata de todas) si no fuera por esa frase carente de sentido, vacía de contenido, no importa quién o cuándo la diga. Sepan todos ustedes que “Te amo” no significa nada. A ver, ¿no se sienten ridículos apenas la dicen? ¿No sienten que una vez dicha cagaron fuego? Automáticamente hay vía libre para hacer cualquier cosa. Porque es así: una vez que la dijiste, cruzaste un límite, el límite de la tranquilidad y la libertad; en definitiva, la posibilidad de que nadie te rompa las pelotas. Pero para cuando cruzaste esa delgada línea con un “Te amo”, que te transformará en un esclavo y en un energúmeno, ya te diste cuenta y empezás a disimular que te fuiste al carajo. Y coronás la farsa con un regalito cada aniversario y, por supuesto, cada 14 de febrero. Sos patético, pero mientras garches bien, podés hacer la vista gorda, ¿no?

Festejemos amigos este hermoso día, entonces, con un lindo regalito fetichista que condense toda nuestra capacidad amorosa. Colaboremos con la multinacional que se esconde detrás de cada artesano advenedizo que juega con nuestros sentimientos. Ah, y no lo guarden después porque les recordará lo grasas que fueron y la patética historia que tuvieron con lo que seguramente será otro muerto en el placard.

Matemos a los malcogidos

No todos nuestros lectores son idiotas. Uno nos mandó ya hace un tiempo (nos colgamos en colgarlo, es que estábamos empezando el juicio contra Facebook y, como sabrán, abrimos una cuenta en Twitter que nos tiene ocupados intercambiando ideas con una comunidad llena de gente pensante y sabia)  este texto inspirado, entre otras cosas, en algunos comentaristas que nos han dejado gratuitamente sus pensamientos.
Aquí va:

premisa: somos todos unos malcogidos; defensa de la premisa: habrás echado polvos ornamentales con tu chica, pero indefectiblemente algún orificio de tu cuerpo acusa la falta de su provisión cárnica diaria y necesaria para el mantenimiento del equilibrio nervioso/espiritual

y se te viene la crisis a la cabeza, al pubis, a todo el cuerpo, la “angustia del agujero”, enfermedad tristemente descuidada por la ciencia y cuyas gravísimas consecuencias, en la mayoría de los casos, asimilamos a otros trastornos de la personalidad; pero no, todo el problema viene de acá, de coger mal, de que te cojan como el orto (en lugar de por el orto), de que en el seco y poco caudaloso río de tu vida sexual, que a estas alturas se parece más al agua que se junta en el cordón de la vereda que a un río propiamente dicho, en esa sucesión de charcos barrosos y llenos de mosquitos transmisores del dengue, los orgasmos son como las islas paradisíacas que aparecen en la revista caras: un oasis al que sólo tienen acceso otras personas, que viven una vida lejana a la que nunca estarás invitado, y de la que te llegan sólo las fotos y los chimentos de segunda mano

entonces, con el paso del tiempo, aparecen los graves síntomas del malcogidismo: la degradación del cuerpo, víctima del abandono; la histeria colectiva; las prácticas del new age y de las terapias alternativas; la lectura de libros de autoayuda; los cursos de clown, de fotografía, trenzado de canastas, origami, clases de taichi, de yoga, de natación, de tapizado, de tejido en telar, de pintura a la acuarela, cursos de pastelería; también aparece esta necesidad de desagotar la verborragia por cuanto medio se presente, y una necesidad incontrolable de difundir cadenas de mails sobre niños africanos con enfermedades incurables, víctimas de un incendio, de una revolución, de una violación masiva, de un atropello cualquiera; y cuando los malcogidos se reúnen, nacen las asociaciones de los amigos de los animales abandonados en la banquina de la ruta once, y las cofradías de escritores / pintores / escultores / músicos / malabaristas / gays / folkloristas / poetas K / amigos de la ecología / ciclistas / golfistas / filósofos de sociedad de fomento / defensores del consumidor / fanáticos del fútbol / turistas / marplatenses hartos de los turistas / estudiantes de lo inverosímil / cultivadores de marihuana / optimistas / jipis y demás, que se toman un inmenso trabajo para ponerse por nombre un epíteto misterioso que les permita ocultar ese perfil de malcogidos destinados al fracaso

y el gregarismo compulsivo: trabajo esclavo y megaconsumo de televisión, vino con soda en un cuartito con las paredes pintadas de celeste lechoso y dos cuadritos de Quinquela Martín que juntan polvo y telarañas durante veinticinco años, sudoración estival, matrimonio pacífico y tolerante, hijos que no están, flatulencias entre nalgas flácidas pegadas al sofá, dos xanax al día para conciliar el sueño y mantener la calma

las investigaciones más recientes advierten un nuevo síntoma pandémico: la adicción al facebook y demás redes sociales del malcogidismo, la incontrolable tendencia a opinar sobre todas las cosas con la autoridad de la enciclopedia británica, la capacidad inexplicable de escribir engolados, en tonos agudos, como en un chillido infinito, como en un grito que pide auxilio y que se apaga en su propia desesperación

perpetuadores del refrán y las frases hechas, habitantes del lugar común, autistas de la imaginación, militantes de lo políticamente correcto, hijos tontos de la contradicción: hablan de democracia citando a chiche gelblum y no te dejan fumar, ni abortar, ni comprar alcohol después de las 21hs., ni opinar en contra, ni disentir de ninguna manera; se meten con la educación de tus hijos, con el uso y reparto de preservativos, con las reglas del tránsito vehicular, con las normas de urbanidad y buenas costumbres, con los perros que cagan en las veredas, con los travestis, con los políticos, con las enfermedades incurables, con todo lo que les permita quedarse en sus casas sin hacer nada, sin pensar en sí mismos, lejos del espejo del botiquín que guardan a oscuras, bien apartado en el baño húmedo y cerrado bajo llave

el malcogido no resiste la intervención, meterse en tu vida y alzar el índice y dar cátedra; te pasa la lengua fría y mohosa por los muebles, por la cama, por la cocina, por la espalda, y llena todas tus cosas con esa baba rancia y pastosa que cultiva en su boca sin beso, sin sexo, sin alegrías de ninguna especie

malcogidos: con la pésima costumbre de meterse sin permiso con el prójimo para distraerse de sí mismos; y no importa cuánto veneno se le suelte al vecino, ese veneno hay que sacarlo por algún lado, no sea que nos matemos de una sobredosis de nuestra propia ponzoña

Gonzalo Viñao
http://www.costanegra.blogspot.com/

domingo, 16 de enero de 2011

Matemos a la revista Mar del Plata Style & Life


Una crítica recurrente a los médicos y dentistas (estos últimos merecerán un post aparte, pero a sabiendas de que pongamos lo que pongamos de estos sádicos nunca podremos vengarnos por el sufrimiento que nos ocasionan y la plata que nos sacan) fue la antigüedad de las revistas de la sala de espera (bueno, hoy, en un centro cardiológico pueden encontrar una edición de la revista Semanario, de febrero de 1978)1.
No obstante la mano está cambiando y ahora todos tienen revistas flamantes y coloridas en papel ilustración; lástima que son las mismas en donde publicitan los médicos y lo ausente y deprimente de sus contenidos nos hacen añorar una Gente como si de Proust se tratara.
Entre estas revistas tan bonitas, bien diseñadas y plagadas de fotos a todo culo, la más pelotuda es “Mar del Plata Style & Life”. Fue difícil otorgarle este galardón, especialmente cuando la competencia era dura, pero claramente, este bodrio le ganó, por muy poco a 7600.
Como un buen jurado debe justificar su elección para no quedar sospechado de favoritismo, diremos que "Mar del Plata Style & Life" es una revista que ya se pasa de tilinga y frívola. Desde sus editoriales con obvias referencias a las estaciones (“¡¡¡Maravillosa época del año la que se avecina!!! Avanti primavera…”), pasando por la foto de la editora con pose de Chiqui Legrand, continuando por ese índice con tantos títulos en inglés que debimos leerla junto a un Longman (las secciones son “Business”, “Profile”, “Artist”, “Events”, “Interview”, “Celebration”, “Health”, “Tribute”, “Economy”, “Arquitecture”; queridos chichipíos: se incluye un vocablo en otro idioma cuando no encontramos ninguno en el nuestro que equipare su significado), y teniendo en cuenta, por supuesto, sus “notas”: todo en la susodicha revista respira una cosa desagradable. No nos sentimos culpables por atentar contra una fuente laboral porque la mencionada revista la hacen entre cuatro changos: ¡La ausencia de contenidos hace que no necesites de redactores! En una época el responsable editorial era Balmaceda, tipo al que llaman cada vez que hay que escribir algo y que, aparentemente, no sabe decir no ni al proyecto más triste (bueno, por algo será... lo de triste).
El principal problema es que se trata de una revista acerca de nada, repleta de publinotas que el propio auspiciante suministra y que nos sumergen en temas entretenidísimos como cómo se enriqueció Álvarez Argüelles. Esta señora, además de contarnos anécdotas muy aburridas, se jacta de hacer beneficencia cuando se sabe que la caridad bien entendida comienza por casa… por lo que podría dejar de abusar de los pasantes, pagar sueldos decentes y dejar de tratar al personal de su hotel como ratas.
Otra cosa insoportable son las fotos de la "farándula" local. Queriendo emular las revistas porteñas, sacan fotos en la Normandina o el lugar careta de moda. Nos encontramos a la curadora, al poeta, al diseñador y al garca local, todos sonrientes y con copitas en la mano. El estereotipo es un señor delgado muy quemadito, con mucho carpincho y camisa de marca que nadie sabe a ciencia cierta a qué se dedica. Pero ver que esos son los personajes “influyentes” o la “gente linda” de nuestra ciudad realmente deprime bastante.
En el formato virtual de la revista pueden verse las imágenes de estos eventos llenos de sofisticación. Como muestra basta un botón. Por ejemplo, en la inauguración de un nuevo oropelado hotel “La revista Mar del Plata Style & Life organizó el oppening del salón de eventos del Saint Jeanne Hotel Boutique con un desfile con mucho glam”. Después de tan pasmosa presentación bilingüe, miramos las fotos esperando encontrar, a ver...  a Paris Hilton o a Bowie con su novia modelo… pero no, sólo contaron con figuras de primer nivel como Iliana Calabró y María Marta Serra Lima… sin ser expertos en etiqueta advertimos que esta gente no parece muy aristocrática.
Claro que los auspiciantes están totalmente en consonancia con la onda de la revista: Cardón (vestimenta oficial de todo piquetero de campo en 4 X 4), Rumencó (con su odioso lema: otro estilo de vida es posible, y las fotos donde te muestran la mitad de la copa de un árbol: los pobres no tenemos derecho ni siquiera a ver cómo es) y los infinitos desarrollos inmobiliarios que arrollan con todo el patrimonio histórico y transforman la playa en un cono de sombra para realizar torres carentes de personalidad, el producto ideal para un nuevo rico.
Llegados a este punto nos podemos imaginar los previsibles comentarios a esta entrada: decimos todo esto porque somos pobres y envidiosos, unos tristes resentidos que escriben desde una PC con más de diez años color cremita en un departamento interno en microcentro amueblado con los cachivaches que sobraban de la casa de mamá. Todo rigurosamente cierto. Pero ésto no quita el hecho de que estas revistas del orto, con textos imposibles y pura imagen y chivo, apuntan a un público inexistente (¡estamos en Mar del Plata! ¿qué mierda es eso del ABC 1?) y gastan papel al pedo. Ah, pero no somos ecologistas… bueno, matemos a las revistas que se cagan en el contenido y promueven eso de la vida glamorosa y sofisticada, en una ciudad que cada vez se sumerge más en la mierda (literalmente).
Así que ya saben: contenido choto + cero línea editorial + mucha foto = revista fashion.
Pero parece un muy buen negocio... ¡que se venga la revista de Matemos a las ballenas!, aunque debería llamarse: “Kill the whales mag”. Sólo necesitamos un nabo para salir a vender publicidades.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Matamos a Villa escondida

Hace un par de meses se nos ocurrió hacer un Facebook de una agrupación ecologista. La llamamos Villa escondida y la localizamos en la provincia de San Juan. Se suponía que tenían una huerta comunitaria, una escuela, talleres, pero esta gente tan buena y productiva estaba acechada por oscuros intereses, ambiciosos que buscaban quedarse con sus tierras.
Este era el lacónico texto que pusimos:
"Necesitamos tu adhesión para evitar que Villa Escondida desaparezca. Villa Escondida es un conjunto de terrenos en donde vivimos más 60 familias en el departamento de Calingasta en la Provincia de San Juan, desde hace muchos años, cuando estas tierras eran casi desérticas e improductivas y nadie las quería Trabajamos duro para hacer lo que es hoy: tenemos dos grandes huertas orgánicas, tres talleres de oficios (cestería, objetos hechos con material reciclado y cocina), una feria semanal en la que intercambiamos y vendemos lo que producimos y un taller de apoyo escolar y alfabetización. Nunca recibimos apoyo ni plata, nos organizamos para construir un lugar en el que podamos vivir todos y nos autogestionamos a través de una asamblea en la que participan todos los que vivimos en Villa Escondida.
Sabemos que hoy nos reclaman nuestro lugar porque detrás hay oscuros intereses de una empresa que quiere estas tierras, ya que mejoradas por nosotros les son útiles. Creemos que tenemos derecho a seguir viviendo en el lugar que hicimos y que ya conoce una generación entera de nuestros hijos, nacidos aquí.
Con sus adhesiones tenemos más posibilidades de que nuestro reclamo sea escuchado en la audiencia que decidirá nuestro destino, antes de fin de año.
Mucha gente nos apoya, pero queremos agradecer especialmente a la señorita Yolanda y a los chicos de la escuela 15 que nos armaron este espacio virtual para comunicar lo que nos pasa. En cuanto podamos pondremos fotos y les contaremos más de nuestra historia.
Gracias por sumarse a nuestra lucha!"

El facebook enseguida se hizo de muchos amigos, más de quinientos, todos muy contentos con la iniciativa ecológica. Pero el ecologismo y solidaridad de nuestros amiguitos de face es tan fingido como el de la modelo Vanessa Carbonne a la que se ve en la puerta de la embajada de Japón muy preocupada por la matanza de ballenas.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Matemos a los "buena vibra"

 
 
No importa si hacen yoga, gimnasia biorítmica expresiva, meditación, si practican medicina ayurveda, son veganos, tienen su plantación de cannabis, son sufi, budistas, lectores fervorosos de Osho y El secreto, si hacen reiki, interpretan las runas, creen en el calendario maya, el feng shui, la reflexología, consumen flores de bach, discos con sonidos de agua, pajaritos o ballenas,  prueban con hongos alucinógenos, se van a un templo en la India o abrazan árboles en el bosque energético de Mar del Sur. Los “buena vibra” están a la búsqueda de un ALGO que los tranquilice, y en ese periplo probarán con ilusión y candidez todo lo que algún otro limado les recomiende como “LA PAPA”. Se enfermarán, los estafará alguna secta, pasarán las peores vacaciones de su vida en una choza llena de alimañas en el lago Titicaca que les saldrá como una estadía en el Ritz… no importa, los “buena vibra” no claudicarán en su peregrinación con el afán de lograr la “armonización”. Con cero autocrítica te contarán sus experiencias como algo trascendente, revelador,  y se volcarán a la nueva terapia de moda.

Si bien la cantidad de subcategorías de los “buena vibra” es infinita porque todos los días aparece una pelotudez nueva (como por ejemplo, el nuevo grito de la moda “buena vibra”: no vacunar a los pibes; parece que es re cool el retorno de la escarlatina) creemos que básicamente pueden dividirse en tres grandes grupos:

El ama de casa “buena vibra”: tiene cincuenta o más. Está deprimida porque el cuerpo se le viene abajo como el chasis de un Mehari. Los hijos no le dan bola o la detestan. El marido no la escucha cuando le habla, concentrado en el culo de Jessica Cirio, (si está divorciada, peor). Los constantes llamados de los call centers y las publicidades de yogur terminaron con el poco equilibrio interior y autoestima que le quedaba. Entonces, una amiga le recomienda que haga yoga, que le va a hacer “re bien”. Claro que si se hubiera contentado con la grulla una vez por semana no hubiera inquietado a nadie, pero a eso le siguió la consulta a un homeópata, a un médico ayurveda, el cambio en la decoración de la casa según los preceptos del feng shui (todo mira para algún punto cardinal complicado de orientar, hay efectos sonoros por toda la casa y chorrea agua de cualquier cosa que pueda contenerla), la lectura y el subrayado maniático de libros de autoayuda y, por supuesto, la actitud militante. Porque llegás a la casa de Martita para buscar a Pablo y enseguida te empieza a cagar a pedos porque tu “actitud corporal” revela que estás tenso y a la defensiva., porque no debés tomar una bebida fría con la comida caliente y porque percibe una “vibra negativa” en vos, entonces, deberías “hacerte ver el aura”. El ama de casa “buena vibra” te tira por la cabeza una curiosa mezcla de medicina, brujería y religión. Vos vas retrocediendo hacia la puerta, dejando a  Pablito a merced de su madre desquiciada y sus terapias alternativas. Casi era preferible hace unos años, cuando les rompía las pelotas con la religión católica apostólica romana y los retaba porque chuparban como esponjas el fin de semana mientras les cebaba mate. O al menos sonaba menos quemada.

El gerente New Age: otra versión del “buena vibra” es el tipo entre los 40 y  60 años que ascendió en la empresa en la que trabaja de alguna forma que no puede contar, por lo que su mala conciencia no le permite dormir bien. El preinfarto hace un par de años le anunció que un cambio de vida era imprescindible, pero a  esta altura no sabe cómo hacer sin bajarse  del caballo. Lamentablemente, es normal que este tipo de pelotudo sea tu jefe. Lo extraño es que esta gente new age tan preocupada por la búsqueda espiritual suele ser la más terrenal en su vida cotidiana. Va manejando como un demente, habla mil horas por celular, ningunea a las camareras y te cuenta del ayuno voluntario en la India mientras come en el restaurante más caro de la ciudad. En su trabajo es un sacado paranoico y garca. Vale decir: no tienen un ápice de paz interior. A los cinco minutos de terminar su nueva actividad de moda se saca la máscara del relax, cambia la voz meliflua por el tono autoritario y vuelve a la normalidad. Ergo, ¿no debería cuestionarse por un momento si toda esta mierda trascendente le está sirviendo para algo? Porque más allá de no mejorar un carajo, le caga la vida a la gente por partida doble. Por un lado, a todos los que engaña y convence de que tomando un té con orégano y cilantro van a dormir como bebés, cuando el chabón necesita una anestesia para caballos para adormilar la conciencia. Por otra parte, cagan a su entorno, que deberá tolerarle que se haga el relajado por una hora con sus compañeritos de danza expresiva, para que luego le salga la mierda de forma recargada por el efecto de haber estado conteniendo y disimulando.

El  posadolescente rastafari: otra versión de la misma bosta pero un poco más inimputable porque es joven y ahora ser joven en Argentina tiene su encanto. El tipo se la pasa fumando porro todo el día, con un intento de grelos en la cabeza y  ropa que pretende ser muy casual, pero en rigor consta de bastante producción y unas cuantas prendas de marca. Vos llegás a su casa alterado del trabajo, de la facultad o de alguna discusión con tu novia, y tu amigo “buena vibra” casi te convence de que tenés que cambiar de estilo de vida, “bajar un cambio”, tomar las cosas con filosofía y escuchar a Bob Marley. Pero cuando estás en  la hamaca paraguaya fumando un caño caés en la cuenta de que vos no tenés unos padres bienudos que te van a mantener si te quedás una década fumando en estado de hibernación con tu amigo “buena vibra”. Más bien, tu viejo, almacenero italiano que se levanta a las seis de la mañana y que te ayuda a pagar tus estudios, te va a cagar a patadas en el culo si le vas con un discurso sobre respetar los “ritmos interiores” de las personas. Entonces, te levantás trabajosamente de la hamaca y tu amigo “buena vibra”, como siempre, te pide si no le tirás unos mangos para una birra (porque mucha vida natural, pero al escabio le da como loco).
Por suerte, los posadolescentes rasta vibrosos no tienen el defecto del zurdito setentoso así que no te van a atormentar con un falso discurso anticapitalista; éllos pasan el invierno deprimidos a la espera del verano y la ola perfecta para surfear.

Por más que parezcan gente muy diferente, el  ama de casa onda reiki, el posadolescente “buena vibra” y el gerente new age tienen muchas cosas en común. Además de intentar marcarnos un camino que ellos no conocen y que es contradictorio con sus prácticas cotidianas, después de cada intento de encontrar un “algo” que no hallan, les agarra una depresión espantosa y entonces te llaman por teléfono a cualquier hora y tenés que aguantarlos. Pero claro, si llegás a sugerirles que los ves mal y que deberían recurrir a algún tipo de medicación  se indignan mortalmente porque… ¿cómo pretendés que metan en sus cuerpos químicos que los dañan cuando toda solución debe provenir de lo natural? Así que allí tenemos bipolares, psicóticos, depresivos y paranoicos rompiéndoles las pelotas a todo el mundo y probando hoy con un libro de Stemateas, mañana con un ungüento de coco y hablando de la buena y mala vibra como la medida de todas las cosas.


lunes, 8 de noviembre de 2010

Matemos a los fanáticos del fitness



Ya sabemos que van a decir que somos unos gorditos freaks resentidos sentados frente a sus “computadoritas”. Y que nos tenemos que “comprar una vida” como la de ustedes (¿las vidas usadas se publican en De todo? ¿Vienen con GNC?) No obstante, no podemos dejar de manifestar nuestra tenaz e insidiosa aversión por la gente fitness. Esta no puede ser asociada simplistamente a la gente que hace deporte o ejercicio. La mujer y el hombre fitness curten una estética y un estilo de vida muy particular. Veamos.
Un fanático del fitness no se define por la actividad física que realiza ni por la cantidad de horas que le dedica, sino, principalmente, por su atuendo. Se visten con ropa deportiva súper tecnológica: anti transpiración que permite la “respiración” de la piel, liviana e hipoalergénica, y zapatillas con cámara de aire, antideslizante, amortiguadores y hasta ¡cuenta quilómetros! A ninguno le falta el aparatito para escuchar música mientras corre, en su camperita con bolsillito ad hoc para llevarlo con cable y todo.
Van así vestidos a todos lados. Cualquier situación amerita ponerse la ropa fitness: ir a buscar los chicos a la escuela, hacer mandados, pasar por el banco. Así como un judío usa la quipá como orgulloso signo de su religión, un enfermo del fitness usa gorrita fashion. No importa que esté nublado o que se vayan a quedar adentro: la gorrita Nike (o imitación) no puede faltar. Sospechamos que es para taparse peladas o grenchas sucias, pero no tenemos el coraje de sacársela para constatarlo. Estamos a punto de pedir en una solicitada el regreso del jogging (frisado, mejor), una prenda para el deporte y el domingo que puede obtener cualquier argentino y argentina sin gastar una fortuna ni verse ridículo; además, el jogging posibilita la impunidad de estar sucio y deprimido en un sillón comiendo papas fritas pedorras sin tener que aparentar que estamos bien y somos exitosos deportistas.

Otro tema relevante para la gente del fitness es lo que comen y beben. Toman gatorade o powerade o cualquier cosa que termine en “ade”. Desayunan yogur, frutas, jugos, granola, nueces y pasas de uva. Comen ensaladas de más de tres ingredientes (en los restaurantes no lo pueden creer pero logran cobrarles una fortuna cualquier porquería mientras tenga rúcula, queso parmesano y alguna boludez más. Así como abogamos por el retorno del jogging, también pedimos el regreso de la ensalada mixta con cebolla, exiliada de las cartas de todo comedero moderno).La gente fitness se compra esos polvitos mágicos que se usan como suplementos dietarios. Los más fanáticos miran todas las etiquetas de los productos para calcular calorías, valor energético y la presencia de algún ingrediente contraproducente para sus propósitos.
Cuando sacamos, contentos, el paquete de facturas, nos miran con una sonrisa de lástima y con un gesto de conmiseración nos dicen: "yo paso, gracias".

Lo más triste es cuando un domingo al mediodía, después de un asado con torta de postre y de un sábado a la noche de pizza, picada y cerveza, te vas a tomar unos mates a la costa y los ves corriendo, cabeza en alto, mientras vos te comés una bola de fraile ¡Hasta Dios después de crear el mundo descansó el domingo! Y cualquier entidad superior castigaría severamente a un pelotudo que en lugar de lastrarse un buen asado o un plato de fideos caseros se va a correr por la costa tomando agua mineral.

Cuando tienen un minuto libre van al gimnasio: salen de trabajar para meterse por lo menos dos horitas al "gym". Peor los que van antes de ir a trabajar: los ves 6:30 de la mañana dale y dale en la cinta. Uno pasa por un gimnasio y no puede creer la situación: escuchás música a un volumen superior a cualquier boliche; el profesor, como un enajenado, los arenga como una tropa en Afganistán y los pelotudos fitness, desde sus bicicletas que no se mueven, pedalean devolviendo el grito, ¿no es fantástico? (¿Qué diría Bauman de una bicicleta que no lleva a ningún lado?)
Un párrafo aparte merece nuestro bien conocido por todos, olor a chivo. Uno pasa por la puerta abierta del gimnasio y siente que lo voltea un aire denso, húmedo y pegajoso, caldeado de bacterias de humores humanos en franca descomposición.
Nos preguntamos, queridísimos arponeros, ¿cuál es el placer de ir a encerrarse en un tugurio con la música que aturde, un loco que te grita todo el tiempo, tu cuerpo que se agota de falta de aire, dolor muscular, que se empapa de transpiración y se mezcla con el olor de los demás, y encima pagar por eso? Piernas musculosas, colas duras, panzas chatas, mandíbulas cuadradas, brazos que no flamean al ponerle sal a la ensalada (a otra cosa, como una mollejita, jamás). 
Los peor de la gente fitness es el exhibicionismo impúdico de la buena salud y los buenos hábitos. Porque si hicieran todo esto pero dentro de sus casas y corriendo por el living, no merecerían la “impunidad” de este post. Pero no, ellos viven la filosofía del fitness, de la salud a ultranza. Hacen patria. Hablan con orgullo de sus hábitos deportivos. Son los consumidores número 1 de su propia marca de vida sana y de todo lo que vende la televisión para estar divino: masajes, drenaje linfático, lipoescultura, etc. Y te miran como un pobre perejil recubierto de grasa, fofo, obeso y abúlico, que es la verdad, ¡pero nosotros no hacemos apología de eso!
Que quede claro que acá no estamos diciendo que el consumo de ropa, los alimentos balanceados o los tratamientos hormonales, los hacen unos pobres idiotas presos del marketing, no. Es el Actimel lo que les está cagando la cabeza, muchachos.

Podríamos reivindicar este espacio virtual aludiendo a la muerte de Kirchner, como todos los que salieron a escribir o decir algo, pero no se nos ocurre algo mejor que lo de Mirtha Legrand o Nelson Castro (y nunca intentaríamos estar a la altura de los comentarios de Martín “faltan medicamentos en los hospitales y bancos en las escuelas” Caparrós, la nueva Doña Rosa del siglo XXI). Tal vez, con alguna vueltita, podríamos hablar del cuidado de la salud para evitar un infarto, por ejemplo… Pero la verdad, no hay nada como el café, el humo de cigarrillo, el fernet, los asados y mirar fútbol a los gritos deglutiendo facturas de pastelera, antes de dormir una siesta reparadora. 

domingo, 24 de octubre de 2010

10.000 visitas

Llegamos a las 10.000 visitas y por eso queremos rendirle homenaje a nuestros lectores compartiendo los mejores comentarios que nos han dejado. Claro que toda selección es caprichosa y, en este caso, más que arbitraria: en lugar de elegir los más ingeniosos (no había casi ninguno), les ofrecemos aquellos que no pueden disimular su admiración y fanatismo por nuestra tarea arponera. Esperamos, desde lo más profundo de nuestros corazones, que los disfruten tanto como nosotros, que nos cagamos de risa cortando y pegando.
Gracias queridos amigos virtuales!

“Por empezar este blog no tiene sentido ni tampoco su nombre estúpido. Todavía no entiendo qué tienen que ver las...ballenas(??) (hablan de ballenas por peces gordos?? es la única relación que encuentro, pero las ballenas no son peces, sino mamíferos).” (¿ustedes pretenden un blog mejor con estos lectores?, ¿para qué?)

“Nada fabuloso, nada gracioso, muchachos. El otro día vi un árbol. En una rama había un chico que le tiraba piedritas al de abajo. El de abajo, después de patalear un rato, se cansó y se fue. A los minutos el de arriba se puso a llorar porque no sabía cómo bajar.”


"Matemos a las ballenas: veni a tirarme la goma pelotudo a ver si tengo carencia de hierro salame. En 25 años sin carne no me enferme una puta vez, mido 1.83, peso 85 kg y soy campeon argentino de Taekwon-Do." (odiamos la virtualidad sólo porque no podemos conocer personalmente a esta pelotudez de 1.83 metros)

"Que pena que quieras saber mas alla de tu nariz. Yo soy Fabián Spampinato. Y hace exactamente 13 años que no escucho la R&P. Asi que, alguien que no sabe que pasa en TAL lado, es difícil que pueda robarle algo, no?.
No escucho sus programas, ni su artística, ni sus bajadas de línea, porque -realmente- como radio independiente me cuesta horrores bancar lo mío propio como para andar perdiendo el tiempo en "robarle" a otro ideas inexistentes... " (hay que decirle a este señor que escriba más corto, nos "cuesta horrores" leer todo lo que escribe)

Matemos a los médicos rock star

"Te voy a cagar a piñas, pedazo de deforme.
Ya se quien sos."
 

"Bueno, empecemos diciendo que es triste tirar una piedra y esconder la mano. Uds dilapidan a todo el mundo desde la oscuridad y si son mujeres... dónde están los ovarios y si son hombres... les falta un par de algo. Tod@s tenemos derechos a réplica y a conocer la cara de nuestros enemig@s... (yo al igual que Patricia hago pausas, me encanta). Hay algo elemental y es la perilla del dial, no les gusta y bueeeno, cambien de emisora. Una golondrina, no hace la primavera, ni el verano... para un par de renegad@s que no les va Patricia, hay miles que la escuchamos a nível local, provincial, nacional e internacional... y no exagero uds. lo saben, entonces no sean envidios@s, derrotistas, pisa brotes, celos@s, malevolentes o rivales decadentes..." (las negritas son nuestras)

"Me imagino que lo doloroso para aquellos que aparecen con nombre propio, para sus familiares y sus amigos es ser nuevamente humillado. luego de haber sido humillado por Clarín, por no cruzar la alambrada, por levantarse a las cinco de la matina. Mientras tanto la persona que escribe en anonimato no puede ser respondida como marcan algunas reglas. Sin embargo, a la hora de hacer un balance yo me siento feliz que existan páginas como estas, a pesar de que soy el verdadero Carlos Aletto, que por primera vez escribo en este blog (sé de mucha gente que lo ha hecho). Realmente es una humillación lo que ustedes hacen con nosotros, pero bueno "algo habremos hecho" y nos merecemos sus palabras, que quedan eternamente grabadas en las historia de la web, como castigo público. Podrían alguna vez sacarlas, ya cumplieron su cometido y no es para nada agradable… ser “amenazados de muerte” por encapuchados. Piénsenlo." (todavía lo seguimos pensando: ¿será el "verdadero Carlos Aletto"?)


“creo que si no fuera por el anonimato los autores de este blog terminarían en fosas comunes. La bronca de quien es agredido no tiene una época concreta. Si leés más entradas entendés que hay varios que los quieren matar (y no metafóricamente como ellos a las ballenas).”


“Todo tiene un límite: puede que se metan con un escritor al que le tienen bronca (o envidia) o con un músico (porque no entienden la música que hacen. Pero joder con discapacitados... No entiendo a que apuntan...”
 
“a joder con este articulo comoq matemos a las ballenas q chucha acaso ati te gustaria que te maten mierda todos formamos el ecosistema si tuvieras cerebro pusieras cosas buenas no como esto”

En Matemos a Sergio Mileo

"LAMENTABLEMENTE EXISTEN PERSONAS QUE ESCRIBEN COSAS ASI E INCLUSO OTROS QUE LE DAN LA RAZON... SI ES EN JODA ES LAMENTALBLE TU HUMOR Y SI ES POSTA...QUE DECIRTE.. SOS LAMENTABLE COMO PERSONA.!! YO A SERGIO LO CONOCI Y LO ESCUCHE EN VIVO, Y NO TENGO NINGUNA DUDA DE QUE ES UNA PERSONA SENSIBLE ANTE TODO... Y A VOS ANÓNIMO TE RECOMIENDO PRIMERO QUE DEJES LA PC UN POCO Y SEGUNDO QUE AGARRES UN INSTRUMENTO, PERO EN VEZ DE INTERPRETAR COMO DE COSTUMBRE ESA MUSCIA EUROPEA O DEL NORTE IMPERIALISTA QUE SEGURO TE ENCANTA, TE VOY A PEDIR QUE BUSQUES SENSIBILIDAD Y QUE EMPIECES A DARTE CUENTA QUE EN LATINOAMERICA TENEMOS QUE ESTAR UNIDOS..! SERGIO MILEO DESDE VICENTE LÓPEZ - BS AS TE RE AGUANTO.!!! MATÍAS CANARIO LOPEZ" (no podemos responderle a un canario, somos ballenas)

"Persona Racional dijo...
humanos hay millones, y los chinos solo contaminan el ambiente para que dentro de 40 años nos murieramos todos. es mejor que vivan mas ballenas que no nos hacen nada a que vivan los chinos y japoneses que crean misiles capaces de explotar el mundo entero" (la negrita es nuestra, obvio!)


"Panda dijo...
me pareces un idiota que no tiene vida ni nada que hacer productivo y que además no sabe apreciar la buena música no eres más que un imbécil que esta celoso de la gente que si tiene talento personas como tu no sirven para nada ni si quiera merecen vida solo roban oxígeno...eso es todo"

En Matemos al América Libre

"Ángel dijo
Te quiero, oprimidito como todos. como le dijo apu a sus hijos, 'mejor suerte en su proxima vidas'".

"Dicen en la SIDE que se apiolaron de los propósitos de estos muchachos a partir de ese cartel y que en consecuencia reunieron al consejo de seguridad de la nación. Después descartaron la hipótesis de conflicto "porque dónde se vio que un grupo de autoyuda tenga más propósito que ayudarse a ellos mismos", dijeron."


"estas operado del cerebro con el nombre de tu blog!"


 "Todo comenzo con la busqueda de una tarea y entonces encuentro este comentario que me ha hecho reir en cantidad!!! pero ese comen..... estubo un poco pasado!!! pero pues cada cual tiene su manera de pensar!!! y para los gustos los colores!!!! pienso que esto sirven de gran ayuda y experiencias en la vida y por mi parte, es de gran utilidad!!!!!!!!!!!!!!........................................................." (esta parte de los puntitos no la entendimos)

En "Inspiración"

"yo te mato a vos dijo...
No más nabos que vos, que encima te creés que estás en un pedestal. Yo me metía en tu blog en mis tiempos libres en el laburo, pero si me insultás no me meto más.
O sea, andá a cagar."

miércoles, 13 de octubre de 2010

Matemos a los chicos Illia


(para nuestros fanáticos extranjeros: se trata del colegio universitario local)


Si ustedes pensaban que en una reunión social podían encontrarse sólo con sabelotodos, boy scouts, enólogos, pedagogos del volante, poetas ególatras, facebookeros deformes, intelectualoides becados que ya echan panza, empleados de informes o Patricia Montagni, sepan que, lamentablemente, también pueden conocer a algún inefable egresado del Illia, que te hará saber su condición en el transcurso de los primeros, más o menos (y esto fue calculado por varios de los integrantes de nuestra división investigaciones) diez segundos de charla. Se trata de exhibir lo que constituye el factor central de su identidad, cuestión paradójica ya que ésto tiene que ver con algo que ni siquiera eligió él: sus padres habrán considerado que era un punto válido para vanagloriarse delante de sus amigos, familiares y vecinos y que, por añadidura, les permitiría ahorrase unos buenos mangos al no pagar un colegio privado. ¿Qué sentido tiene jactarse de algo que eligieron otros por vos? Claro, tu aporte fue haber rendido el famoso examen de ingreso a la institución, pero no nos adelantemos. Un Illia se jacta, decíamos, de ser un Illia, ¿por qué no mencionar con orgullo otras cosas, como la profesión, los hobbies, la familia, etc.? Bueno, justamente porque en esto les ha ido como el culo. Así que mejor sigan reivindicando su condición de niños brillantes como si fueran viejas estrellas del fútbol ahora caídas en desgracia.

Y con el propósito de revivir aquellos días felices se la pasarán organizando reuniones de ex alumnos o un club para dar la bienvenida a los ingresantes, y discutirán acalorados, como si decidieran el 82 % móvil, el cambio en el modo de ingreso (que ahora permite entrar a la chusma). Regla de oro: el que más pilas le pone a esta actividad retro es, a no dudarlo, el más pantriste de todos con su realidad cotidiana.

La mayoría de la gente ha padecido su adolescencia en un pedorro colegio público que ni quiere mencionar en su CV o en un colegio privado donde snobeaba o era snobeado. A los chicos Illia, paradójicamente, tener tan buenos recuerdos de su colegio progre, flexible, solidario, canchero, tolerante y amplio les juega en contra porque nunca van a encontrar una carrera o trabajo con tanta onda. Es por eso que su tendencia melancólica es aguda y no pierden un minuto en hacerte entender que fueron al Illia. Con eso llenan horas de charla, que no permiten ningún otro tema de conversación. Vos les preguntás dónde queda una calle y ellos se zarpan con el relato de cómo filmaron un documental en la zona; les contás que leíste una nota sobre hipoacúsicos y te largan un discurso sobre cómo colaboraban con CIDELI; les hablás de la explotación boliviana en la industria textil y ellos recuerdan automáticamente cuando armaron las banderas de su viaje de egresados; les decís que vas a viajar a Mendoza y te hacen la crónica de sus campamentos con fogón y tertulia. Socializan cada una de sus experiencias en “El colegio” como si fuera lo mejor que les pasó en la vida y con datos que nadie le importan un carajo. Con sus múltiples talleres, desde cestería hasta vida en la naturaleza, creen estar absolutamente preparados para hablar, hacer y opinar de todo. Guardan en sus habitaciones telares, bolsas de dormir y todo tipo de souvenirs de aquella época feliz. Pero chicos… el mundo cambió bastante desde que ustedes tenían 15 años. Hoy garpa qué trabajo y auto tenés, no la cantidad de chicas que te apretaste en segundo año diciéndoles que te gustaba Pink Floyd o tocando la quena.

El problema de estos chicos es que pasaron tantos nervios y stress al rendir los exámenes de ingreso que ya a los 12 años demostraron todo lo que tenían que demostrar: forman parte de una élite inteligente y no piensan hacer nada más para refrendarlo, no sea cosa que algún fracaso refute la hipótesis. Los chicos Illia padecen un síntoma que ha sido definido como síndrome de Peter Pánico (PP). Es tal su miedo a crecer y hacer alguna cagada que dé por tierra al niño genio, que prefieren hacer… absolutamente nada. Estudios aparecidos en revistas especializadas afirman que existe una alta correlación entre experiencia Illia y ataques de pánico, brotes psicóticos y consumo de medicamentos psiquiátricos. Estos mismos papers analizan cómo, teniendo en su gran mayoría padres intelectuales y concurriendo a un colegio universitario, es sorprendentemente bajo el número de ex alumnos que concluye una carrera universitaria (a la que entran directamente porque todavía se encuentran bajo los efectos del stress post traumático de los exámenes de ingreso). De hecho, a muchos se les da por estudiar Educación Física, alguna rama del arte o cualquier otra paparruchada en la que no tengan que demostrar que son Einstein.

Se creen similares a los chicos del Nacional Buenos Aires, pero con la diferencia de que tan clásico colegio formó a varias generaciones de dirigentes y escritores como Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Miguel Cané, Marco Denevi, Alberto Manguel, Carlos Mugica, Fernando Abal Medina, Bernardo Houssay, Carlos Pellegrini, Roque Saénz Peña, entre otros. Entre tanto, nuestros famosos del colegio universitario son Pepo San Martín (cantante de Los científicos del palo), Romina Zariello (modelo), Pablo Obeid (político, segunda o tercer línea K)… y no encontramos a nadie más.

Igualmente, debemos admitir que existe algo peor que un egresado del Illia contándonos su experiencia escolar: es el que te narra cómo intentó entrar y ni siquiera lo logró. Increíblemente, pese a haber fracasado a tan corta edad (nos referimos a los chicos, claro, no a los padres, que sufren mucho más este golpe a su ego y se muestran tan competitivos y poco limpios como Bilardo en cualquiera de sus facetas) su paso breve por las aulas del colegio les permitió desarrollar un inexplicable sentido de pertenencia que perdura pese al sabor amargo de la derrota intelectual.

Sin embargo, el objetivo de este post es hacer pública una leyenda negra que circula en los ámbitos más encumbrados de esta ciudad y que surge de un interrogante tenebroso: ¿dónde están aquellos fracasados que, después de haber ingresado, no terminaron la secundaria ahí? Se sabe que en el colegio no se podía repetir y, paralelamente, que era muy exigente. Ergo: ¿dónde fue a parar la legión de los expulsados? El mito urbano apunta hacia el interior de la propia institución. Un chico Illia fracasando y terminando en un colegio para repitentes como el Minerva era tan inaceptable que preferían matarlos y enterrarlos en el jardín junto a los chicos sin onda porque un Illia boy que se preciara, ya fuera en su versión hippie, intelectual, grounge, rocker o deportista, tenía que ser cool de alguna forma o perecer…


domingo, 12 de septiembre de 2010

Matemos a los médicos rock stars


Estar enfermo es una cagada no tanto por los dolores, padecimientos y precios de los medicamentos sino porque, lamentablemente, en algún momento de la convalecencia (y después de haberte automedicado con todas las sugerencias de tus allegados, más la intervención más que dudosa de uno de los tantos farmacéuticos irresponsables de turno), uno tiene que recurrir a la maligna secta médica. Si no querés arriesgar tu vida en las manos de algún médico de guardia postadolescente que te receta lo mismo siempre, no importa la dolencia que tengas, deberás caer en las garras de un “especialista”, y seguramente no podrás evitar que sea uno de los famosos médicos rock star. Con él te verás sometido a una nueva clase de tormentos, pero más sofisticados y onerosos. ¿Cómo sé que voy a atenderme con un médico rock star? Aquí, amigos, les damos algunos tips (nos encanta ser contradictorios, así que usamos una palabra que denostamos hace algunos post, ¿y qué? ¡Háganse un blog propio, arponeros fundamentalistas de la coherencia y el falso coraje anti anonimato!)

1- Un médico rock star que se precie de tal porta apellido: cuando decís que debés visitar a un especialista y lo mencionás, si es un rock star los ojos de tu oyente se desorbitan. Un médico rock star es un mito: te hablarán de él, te contarán alguna anécdota o simplemente te dirán que su apellido les “suena”. Hay toda una mística en torno al médico rock star que funcionará como excusa para que sus bolsillos se llenen de dinero. Pero hay otro dato importante: siempre que decís su apellido, aparece la pregunta diabólica: “¿padre o hijo?”. Porque el padre del médico rock star fue o sigue siendo un reconocido profesional y, si es posible, en la misma especialidad. Esto no suele ser un fantasma sino todo lo contrario: se menciona con orgullo, como razón de satisfacción personal “ser el hijo de”, en lugar de ver como un hecho poco heroico, el heredar la fama y los pacientes de papá. Lo peor es si el especialista en cuestión no ha sido una eminencia, sino un porteño que prolongó mucho sus vacaciones y decidió quedarse cuando se dio cuenta de que en la ciudad no había competencia y podía hacer una buena carrera si atendía a las viejas adecuadas, aunque no se perfeccionara ni leyera nunca más en su vida. Sépanlo, amigos: familia de médicos no es, necesariamente, garantía de calidad y servicio.

2-Estos famosos médicos no superan los 50 años pero ya juegan al golf (en Acantilados, obvio), van de vacaciones a lugares exóticos, viajan a congresos a “especializarse” y a enfiestarse, y no pueden disimular que han estudiado tantos años sólo con el propósito de recibir regalos de todo tipo que después le encajan a sus familiares para navidad. El juramento hipocrático fue, ahora que son ricos y famosos, un mal chiste que les contaron hace mucho durante alguna fiesta platense. Se hacen los melómanos y los cultos, pero la famosa “letra de médico” no hace más que afirmar que no saben leer ni escribir. Y, obviamente, pese al escalafón que los distingue de otros médicos, y a que su mujer esté operada y divina, caen en la volteada, es decir, se voltean a todas las pacientes, enfermeras, secretarias y residentes, como cualquier medicucho.

3-Conseguir que te atiendan telefónicamente en el consultorio de un médico rock star es más difícil que lograr ganar un plasma en algún sorteo televisivo. Deberemos instalarnos cómodamente en el sillón dispuestos a marcar “rellamar” unas cincuenta veces. Nos darán un turno para el 8 de diciembre, y cuando creamos que la secretaria está fumada y que debe referirse al 8 de septiembre seremos cruelmente desengañados. Efectivamente, y como todos habrán podido comprobar, el médico rock star te da turno de acá a tres meses, y eso si tenés suerte. Existen numerosas razones que explican la forma en que estos sujetos manejan tu tiempo como Nolan en alguna de sus películas “conceptuales”, pero la más relevante es que cuanto más reconocido es un médico rock star, menos días atiende (y más viaja, pero esto va más adelante); sus horarios son tan restringidos como la cantidad de entrevistas que los Kirchner les dan los medios.

4- Resignados, agendaremos el turno agradeciendo que sea en el corriente año (si no, deberemos, incluso, salir a comprar agendas del 2011) y esperando no morir antes. Esto, sin embargo, no sería tan problemático si llegado el día fuéramos atendidos puntualmente. Pero un médico rock star que se precie de tal, debe tener a sus pacientes, que son muy pacientes, esperando por encima de las dos horas. Y esto no es porque le dedique mucho tiempo a cada uno sino porque siempre llegan tarde (“estaba operando”, “tuvo una urgencia”, “fue a visitar a un paciente terminal”… todo menos la verdad: se comió un asado acompañado de un vino tinto que, obviamente, le regaló una víctima y le inspiró un siestón; se curtió a una enfermera nueva en la clínica o viene de jugar al tenis) y desfasan todos los putos turnos que, encima, se verán amenazados por culpa de una nueva mafia, más temible que la estrategias de Moreno: los sobreturnos…


5- Un médico rock star atiende cada vez menos en un hospital o una clínica de aspecto Chascomús años 50. Estos doctores luchan a delantal y escalpelo por conseguir su propio consultorio. Esto, claramente, es una señal de status, especialmente si éste se ubica en alguna casa de estilo refaccionada en la zona sur de la ciudad, o en algún edificio de puta madre con luces dicroicas. Quedan excluidos de estos coquetos consultorios todos los trabajadores de sindicato, ancianitos del PAMI y demás perdedores del sistema. Aquí sólo se aceptan credenciales plateaditas, que se obtienen pagando más $200 para que te cuide la salud una empresita privada.
La sala de espera de estos lugares no escapa, sin embargo, de las revistas recontra pedorras que te ponen en una mesita, los cuadros de terror de alguna paciente resucitada o, peor, de la mujer de algún colega, la música melosa de efecto narcotizante, los carteles impresos en computadora semi pegados en paredes o vidrios informando horarios y días de atención (siempre desactualizados) y mensajes mandones diciéndote cuándo y cómo deberás solicitar recetas, turnos, formularios, etc. Igualmente, los muebles serán muy cómodos (de Sector Privado o alguna casa fashion), siempre y cuando, el estilo minimalista con que decoran todo permita que te sientes en algún lugar.

6- Y llegó el día, y la hora que a ellos se les cantó y, por fin, te encontraste con tu médico rock star. Estabas tan emocionado que, con lágrimas en los ojos, te tiraste a sus pies y tartamudeando… ¡le pediste un autógrafo! El médico rock star, con bronceado caribeño, vestido cancherito debajo de su guardapolvo (Bowen o Lacoste, depende el estilo o… el regalo), te mirará con altivez y condescendencia y te ayudará a levantarte del piso. Sus hijos rubios (el de la derecha será el médico de tus hijos) te sonreirán desde los portarretratos en el enorme escritorio (“Otro gil que contribuirá a que papá nos compre la Wii” parecen sugerir sus rostros bellos y diabólicos.) y numerosos certificados de congresos en los que la pasó bomba decorarán las paredes.
El médico rock star te despachará en tres minutos, pero aunque parezca que no ha sido capaz de ver nada te recetará cinco medicamentos (casualmente todos del mismo laboratorio, el mismo que le pagó el viaje a Europa el año pasado) y te indicará múltiples estudios para confirmar si deberá o no realizar una operación quirúrgica que suena compleja y riesgosa, y a la que no sabrás por qué tendrías que someterte. Pero estás tan contento de haberlo conocido personalmente por fin que nada te angustia, sólo querrás ver su sonrisa inmaculada y apretarle la mano otra vez, en la siguiente consulta, cinco meses y tres horas (en la sala de espera) después.

Amigos arponeros, sépanlo: no importa si es proctólogo o no, un médico rock star siempre te mete el dedo en el culo.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Matemos a la noche marplatense (esa eterna promesa incumplida)



A veces nos preguntamos por qué duran un lustro los noviazgos entre gente que se lleva como el culo o las relaciones de amantes donde la mina se cansa de pretender otro status que, sabe, no va a tener. También puede causarnos curiosidad por qué un matrimonio vuelve al ruedo después de una separación que, creíamos, era lo más saludable. Sin embargo, las cosas son más fáciles de lo que uno piensa y existe una respuesta que nos sacará de la ignorancia en la que nos encontramos: lanzados al mercado sexual, después de ensartarnos con Facebook y agotar la veta del lugar de trabajo o donde estudiamos, caemos nuevamente en la monotonía del bar y el boliche “marpla”; y ahí es seguro que corrés a lo malo conocido y a la triste escena de la decadencia: película yanki en DVD (preferentemente una de Woody Allen que no sólo te hace pasar por snob sino que te convence de que la familia perfecta existe: es aquella en donde conviven los maridos, los ex, las amantes y los hijos de todas las uniones, en perfecta armonía), algo de alcohol y un pedazo de chocolate para calmar la angustia, junto a tu compañera, en la cama.

Pero queridos, participativos y resentidos lectores, estamos aquí para explicarles el proceso de la devastadora e irreversible realidad que nos toca en esta ciudad, a ver si con esto podemos hacer que las parejas asuman lo que les toca, aunque lo que espere afuera aceche con el panorama más desalentador que hayamos conocido. Veamos.

Otra vez es viernes a la noche y estamos tomando cerveza en el departamento de nuestro común amigo J. El alcohol se acaba y no tenés ganas de engrosar las arcas del delincuente de Corrientes y Roca, de manera que hacés callar a tu amigo bolche, que proclama una revolución inminente, le quitás la guitarra al trovador del grupo (podría aprenderse enteras las canciones de Silvio, el hijo de mil puta, y no someterte a su eterno ensayo) y te disponés a salir a la aciaga noche marplatense.

Mientras te ponés la campera fingís optimismo, pero vas mandando mensajito a la chica no muy agraciada pero gauchita, que como buena Magdalena, llegado el momento, lamerá las heridas de los patovicas y limpiará los restos de tragos espantosos que te habrán vomitado en el pantalón.

A poco de salir comienzan las discrepancias en la hueste sobre si es mejor dirigirse a Alem, Yrigoyen, Constitución o probar con algún lugar alternativo. Sopesamos desventajas y… desventajas.

En Yrigoyen no hay muchas opciones. Podés caer en Mestizo, el típico bar de cerveza mala en vaso de plástico. Emborracharse resulta barato pero la oferta sexual está en consonancia. Adolescentes con los pantalones bien metidos en el orto, pero con unas caras y gestos que sería más apropiado ver a través de la pantalla en un documental sobre el rito de alguna tribu perdida en la selva que invoca la lluvia gritando: “Menea, menea, menea”. También existe la posibilidad de dirigirse a Hipólito y vegetar en una mesa bebiendo. Lo bueno es que con el calor que hace uno transpira prácticamente todo lo que toma generando un efecto químico extraño que hace que se pueda ingerir alcohol hasta el coma. Otra opción es ir a Scotia, que estará hasta la pija, y donde podrá ningunearte a mansalva un patovica pelotudo cuyos criterios de discriminación son oscuros y azarosos (puede ser que no te deje entrar por pobre o feo, y en tal caso acertar, o porque no le gusta tu gorro que le suena hippie, tu bufanda que le parece de puto, o que interprete tu olvidarte de comprar crema enjuague como un ensayo de grelos). También está Chiquilín, donde no se puede bailar (o fingir hacerlo para chamuyar a una mina) y es caro y aburrido… pero donde están las camareras más perras de la galaxia que te prometen mucho escote, tetas (sobre si las tiene hechas o no habrá en la mesa un debate de treinta minutos), culo y no darte jamás el teléfono (¿en serio pensás que saldría con vos habiendo tanto viejo en auto importado disponible?). Última opción: ir a Wallace, lugar en el que uno podrá fingir que retrocedió una década y experimentar algo así como un pequeño baile, hablar con una chica que no sea espantosa y beber algún trago haciéndose el banana en la barra. Claro que todo esto podrá ocurrir hasta las tres de la mañana, después estaremos todos tan hacinados como sardinas que la única manera de que se haga lugar es a medida que vayan sacando a los desmayados. Y encima, si vas temprano antes del malón te tenés que fumar la eterna banda cover: Sushi, Yacuzzi, Kimono… todas tan igualmente histriónicas y monótonas (con cantantes que se la pasan ensayando frente al espejo los tips rockers) que te dan ganas de hacerte el harakiri.

En Alem la onda es otra. Las chicas más lindas y producidas, aunque con unas dosis de histeria que alarmarían al propio Freud. Siempre podés apostarte en la puerta de Samsara y lograr entrar sin hacer cola porque convencés a uno de los dueños de que vos sos propietario de una veinteava parte que te vendió el primo de un petiso con nombre francés; total, esa gente tiene tantas partes de boliches que con un par de tragos encima podés entusiasmarlo con el más inverosímil de los negocios, por ejemplo, que vas a lograr una toma eterna en la facultad y darle a él un par de barras y la exclusividad en la venta de forros.

También podés hacerte unos mangos pasando por Pehuén, donde si sos tan precavido como para irte con cámara de fotos, podés extorsionar a todos los casados de trampa con mostrarle a la esposa la foto donde su marido, con la peor cara de imbécil y en zapatillas (¿hay una edad límite para zapatillas?), le toca el culo a una chica. También se puede ir a Tressor y fingir que te gusta la música electrónica durante quince minutos para evadirte del reaggeton que fundamenta nuestra certidumbre de que el mundo es un lugar horroroso. Si vas a Barnon, Mr. Jones o Gásparo, decís: “ahora sí estoy mamado”, porque entrás y salís de esos lugares, pero parece que estás en el mismo eterno bar con grupos de chicas y chicos sacándose fotos con el celular y donde nunca podés distinguir bien los vínculos, por lo que siempre corrés el riesgo de ir a hablarle a una mina muy maquillada mascando chicle que te mira insistente como diciendo “¿qué esperás para encararme gil?”, y el enano granujiento a su lado vestido como jugador de béisbol quiera cagarte a piñas porque le querés birlar la minita.

Si lo que buscás son gatos debés dirigirte ligerísimo a Domo, donde se concentra el felinaje añoso, además de toda la gente divorciada de la ciudad. Aquí podríamos hacer una lista de bares gatunos, pero se los dejamos a ustedes, hábiles arponeros de los comentarios.

La otra opción es hacerse el alternativo y caerte en alguna fiesta de una facultad, o en el América Libre o un sitio roñoso por el estilo. Las opciones de hoy son una fiesta en el Club Español de la gente de Ciencias de la Salud en la que alguna buena samaritana te deprimirá contándote cómo ayuda a pobres o tullidos. Otra opción es alguna fiesta cool de la Malharro o en algún galpón feo de los freaks de Exactas: todos con zapatillas espantosas (¿dónde las compran?), mochilas negras y una sonrisita entre demente y bobalicona que sugiere que acaban de despejar una ecuación muy complicada. Alguno se acuerda de una fiesta que incluye perfomance de artistas plásticos-poetas-putos en bar del centro donde alguien recitará poesía a la vez que otro pintará con un aerosol y una estudiante de teatro te puteará a dos milímetros de tu nariz, y vos tendrás vedada la actitud más razonable del mundo que es cagarla a piñas. Es decir, en esta noche alternativa se concentran todos aquellos que son muy progres, pobres o raros (que es casi lo mismo) como para dirigirse a los antes mencionados bares y pagar $24 por una cerveza.

Y si, finalmente, te hartaste de entrar y salir de bares te queda la opción de beber lo suficiente como para animarte a los boliches. Podés ir a Pin Up y perderte en el mundo de la sexualidad diferente donde te va a encarar una mina que está buenísima y vos vas a dudarla pensando si será tranformista, transexual, lesbiana en crisis o te va a cobrar… Y para cuando reaccionás y te dás cuenta de que simplemente es tu día de suerte y es una psicótica a la que le gustan los estudiantes pobres y feos… ya se encontró a otro estudiante pobre y feo. Igual, compadecemos a la gente con sexualidad diferente que ve su lugar copado por todo el caretaje de Alem que va a allí con ánimo antropológico, o simplemente porque cerró su bar preferido a las cinco de la mañana.

También podés gastar un dineral en taxi e ir a Esperanto, sólo para darte cuenta de que no querés acostarte con una chica que trabaja de sol a sol en una panadería y que se produce un sábado a la noche para ir a bailar buscando un príncipe azul que la rescate trabajando de sol a sol en una panadería. O gastar aún más en taxi y entrada para llegar a Sobremonte, la joda en el fin del mundo, y convencerte de que no sos lo suficientemente fachero, canchero, pudiente, reventado o drogadicto como para tal lugar.

Amanece. No te ha quedado ni un centavo. En tu cerebro lleno de lúpulo resuenan las melodías pedorras que escuchaste toda la noche, así como espantosas imágenes de contoneos de caderas, gente transpirada, patovicas descerebrados con fotos de su amor imposible Ricardo Fort en la billetera y borrachos molestos que en un acceso de lucidez piden a los gritos estar en su cama.

Volvés caminando derrotado a la casita de tu amante, preguntándote por qué persistís en este ridículo salir y tomar. Serás reflexivo hasta el viernes a la tarde cuando recibirás un mensajito de J. invitándote a la previa de cerveza en su departamento junto al bolche y al trovador. Y allí estarás. Uno puede volverse adicto a cualquier cosa.

Nota: la noche marplatense es igual de deprimente para las chichis...